Sigue el extraño causa/efecto de un mercado que cambia velozmente de ritmo, imprime subas de órdenes de un cincuenta -a veces más- por ciento, de una rueda para la otra, y con el índice de precios casi indiferente a esos cambios espectaculares. El martes se volvió a hacer presente el gran salto de actividad, reapareció el "fantasma" de los tres dígitos de volumen. Pero, trepando de $ 72 millones del lunes, a los $ 108 millones siguientes, el Merval dio un saldo en el neutro.
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Y es para insistir, nos resulta mucho más llamativo el grado de elasticidad de la oferta y que parece siempre estar con el dedo en el gatillo para arrojar cantidad, según se ubique el tironeo de la demanda. Si esto sucediera en la economía, un ejercicio muy apacible estarían atravesando los funcionarios del ministerio. Porque en cada ocasión que un producto elevara su poder demandante -por caso, los alimentos- la oferta contestaría en iguales términos. En resultado daría lo mismo que está sucediendo en las acciones: movimientos solamente muy leves en las cotizaciones. Obsérvese que, de viernes a martes (última rueda que conocemos, al momento de redactar nuestra columna de hoy) se atravesó por distintos escalones de volumen y hasta casi duplicar el tercero, al primero. Pero, el Merval se mantuvo como impermeable a esa velocidad del viento de los negocios. Se encoja, o se dilate, la demanda de posiciones: los vendedores responden en una proporción que le pidan. Si el mercado se arruga, no lo hieren en absoluto y se alivianan en los pasajes más difíciles. Si, en cambio, surgen compradores entonados, les van dando las cantidades que soliciten: sin permitir al índice marcarse con algún porcentaje, afín al cambio de marcha de las órdenes.
De allí que esos tres dígitos, siempre súbitos, recreen la imagen de algo fantasmal: su tónica viene tejida por las dos fuerzas, no solamente por una (con lo cual, los precios se desviarían fuertemente, hacia uno de los lados). Pero, ¿cómo es posible tanta precisión, de ambos flancos? Es como que no se quisiera, hasta ahora, que el índice salga de una banda establecida y se lo corrige en los dos extremos que toca. No puede decirse el latiguillo clásico de "no lo dejan subir". Porque, en tal aspecto, también puede afirmarse que "no lo dejan bajar". No sabemos si al lector de lo bursátil, le da la misma impresión que a nosotros: un esquema que se prolongó y que no habíamos visto, en tal conjunción, en décadas de seguir al mercado. Más allá de por qué aparecen los tres dígitos, a razón de uno por semana, lo hecho durante el martes acentuó esa sensación de fuerzas puestas en un acuerdo tácito. O una de ellas, la vendedora, ajustando con notable precisión su abastecimiento a lo que se requiere... para que el Merval no produzca saltos violentos. Fascinante...
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