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26 de marzo 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

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La posición de los bancos en Brasil respecto de la actitud frente al dólar, junto con la zona de turbulencias que se puede advertir en el andar del índice accionario de San Pablo, se eslabonaron con probables medidas de las autoridades para resucitar una frase muy utilizada en la región: «frenar la entrada de capitales golondrina». Expresión que cierra mejor como metáfora explicativa que lo que implica en la realidad de los mercados. Y suele suceder que, cuando un gobierno mete mano para corregir lo que no le gusta, las mentadas «golondrinas» empiezan a irse antes de que las echen. Pero, la emigración después se hace más densa en sujetos voladores, impulsados por el temor de ver huir a las «golondrinas». Con lo que se termina por generar un enorme vacío, en poco tiempo, en el flujo de capitales.

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Lo que también suelen soslayar los gobernantes, de todas las épocas, es que las «golondrinas» financieras no son como las verdaderas. No realizan puntuales viajes entre dos lugares determinados, sino que procuran habitar en mercados que les parezcan tentadores (muchas veces, vecinos del sitio anterior) y fortaleciendo a economías competidoras de aquella que las expulsó. Cierto es que la región, con sus particulares gobiernos actuales y por llegar, dificulta encontrar un «hábitat» acogedor para el capital, lo que ha hecho que otras especies inversoras muten en «golondrinas» y tengan las alas prestas para levantar vuelo. Si Brasil aportara lo suyo ensayando tales medidas, el último ejemplo nuestro -despreciando a la empresa extranjera- y ciertas versiones sobre supuestas normas que emplearía el Central, no parecen convertirnos en alternativa cálida para que lo que pueda salirse de Brasil recale con fuerza en nuestro medio.

Por otra parte, no hay mucha opción para la inversión del exterior que no sea la de jugar de «golondrina»: baste recordar de qué modo han masacrado otras especies en años anteriores. Inclusive las autóctonas, llegando casi a la extinción de los que debieron soportar cualquier medida confiscatoria de sus ahorros. Es muy posible que gran parte de esos ejemplares hayan mutado en «golondrinas» tras la dura experiencia.

Si Brasil, o cualquier otro, monta un escenario de altas tasas de interés, lo que hace el capital es sacar partido del mismo, mientras considera que la relación entre renta y riesgo es favorable. Cuando se quieren invertir los términos, elige emigrar. En todo caso, es culpa de quien orquesta tal política y no de los que ganan con ella.

Estrategia que, en definitiva, es la que emplea cualquier inversor, en todo tipo de mercado, si busca proteger su capital. La Bolsa actual es buen ejemplo de ello.

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