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7 de junio 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

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La tendencia se ha vuelto adversa, no solamente para nuestro medio, sino -como se ve- para la generalidad de los índices y de los activos de riesgo. Parece un consuelo. Que no lo es para el inversor, porque a los pesos que murieron en las cuentas no les importa mucho qué es lo que dice la autopsia. Y si fue aquí, o solamente fuimos parte de un movimiento sísmico, que afectó la estabilidad y buen andar de todos.

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Acaso, más que consuelo, han sido más bien «paraguas» y donde se mimetizó en el mal común: una corrección de nuestro propio mercado, que se había ido velozmente hacia arriba en los primeros meses. Siempre duele menos, y quita responsabilidades, el saber que el vuelco es parte de un vuelco global y no solamente una reversión que afecta a uno solo. Pero la detención de los ascensos de una sola -Tenaris- iba a llegar de modo indefectible, en cuanto la plaza se hiciera «madura» en precios y llamara a la oferta vigorosamente. Y en tal caso, tal vez se hubiera presenciado un tropezón de Buenos Aires, al margen de los demás.

Los intentos por mostrar otra cara, en todas partes, han venido siendo frustrados una y otra vez. Para recibir un golpe, como el del lunes, a modo de recaída y que vuelve a instalar la incertidumbre sobre la ubicación de un piso firme, o la capacidad de rebote efectivo que puedan poseer los mercados, en estos momentos donde se observa tanta debilidad. Lo ideal, siempre nos aconsejaba -nos formaba- un veterano del viejo recinto, hubiera sido retirar la «postura» frente a las primeras turbulencias aparecidas y seguir solamente con las ganancias («con la de ellos», aseveraba). Esto, se entiende fácil, pasaba por haber quitado del mercado el capital original -el del propio bolsillo- antes de lo que sucedió en mayo y, si se quería seguir en juego, hacerlo con lo que el propio mercado había proporcionado. Para decirlo sencillo, ser pariente de la « hormiga» y no de la «cigarra». Que a los parientes de esta última, acaso, hasta los tomaron en la baja habiendo «caucionado» para comprar más.  


Pero, está bien, cada uno es arquitecto de su propio destino bursátil -diría Nervo- y la Bolsa nada le debe a nadie, solamente dispensa premios y castigos, alternativamente. El caso es que dos rebotes no hacen a una reversión de tendencia, mucho menos si se percibe una escasez de dinero fluido que resta respaldo a cada reacción. Esto cuadraba para definir lo de finales de semana anterior, de donde lo sucedido el lunes solamente vino a corroborarlo con esa pendiente exterior y local.

A menos que aparezcan motivaciones, capaces de variar esas «expectativas racionales»: difícil.

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