23 de junio 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

La profundidad del valle de negocios que se pudo verificar por el «efecto Mundial» quizá resulte también un buen medidor de la franja que ocupa diariamente el simple «trading» en el mercado. Esa porción se hace más importante cuando confluyen dos condiciones: alta volatilidad -que espanta a un tipo de inversión más extendida y más conservadora- y mucha incertidumbre acerca de la salida definitiva del túnel que se presentó desde un tiempo a esta parte en todo el mundo.

Se nos podrá decir, con razón, que la alta volatilidad se desprende de aquello otro: la turbulencia que predomina y que provoca efectos devastadores en las bajas, con repuntes sumamente leves.

Y aceptaremos eso, pero advirtiendo que es solamente una de las facetas. También se vive alta volatilidad con zonas de plena euforia de tendencia. Y se puede convenir que tal condición de volátil les es afín a los mercados donde el alto riesgo está presente por su categoría. Para el caso que nos ocupaba de entrada, en realidad no importa demasiado discernir acerca de los componentes de la volatilidad (la magnitud en que los precios se apartan del promedio) y ni siquiera hacer semántica acerca de si es un término apropiado. Porque en verdad, nada se volatiliza -se diluye en el aire-, sino que solamente se producen «golpes de mercado» que los acercan, o separan, de los promedios. Pero corremos el riesgo de hacer una columna «volatilizada», en la medida en que un tema nos encadene con el otro. Y queremos retornar al principio, que se refería a que esta zona donde aparece la incidencia muy marcada de un hecho gravitante para reducir el volumen tal vez sirva para medir cuánto hay de simple juego corto, diario casi, en el total de los negocios normales.  


Menos mal que un « Mundial» es fenómeno cada cuatro años, porque tal vez sea el hecho gravitante sin ser ni financiero, ni económico, ni político más comparable con los que corresponden al contexto bursátil. Y esto se percibió muy claramente en los totales del miércoles, donde no hicimos más de $ 27 millones de efectivo en acciones. Ni siquiera los feriados de Wall Street han oprimido tanto los negocios. Gran parte de los desaparecidos frente a un televisor posiblemente hayan sido parte de la legión del « trading». Y esa legión, que opera e intercambia posiciones de modo sumamente dinámico, resta operaciones de ida y también de vuelta. Porque toda orden que es venta en un papel y compra en otro, no aporta dinero fresco: sino que duplica el caudal original. Y en esas ausencias, nos quedamos rascando el fondo de la lata, mientras la Selección se las entendía con Holanda. El contexto internacional ayudó en precios, nos salvó.

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