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18 de agosto 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

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En una encuesta realizada en Estados Unidos, de la que dio cuenta nuestra contratapa del miércoles, aparece lo que se suele llamarse en las redacciones como «nota de color»: aquello que, siendo liviano, ayuda a filtrar las noticias densas. No mucho más que eso tiene de valor el hecho de haber comprobado que los ciudadanos de aquel país conocen de modo más firme a Harry Potter que a Tony Blair. O que una buena parte sabe de qué planeta provino Superman, pero muchos menos recuerdan el planeta más cercano al Sol.

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Otros, recuerdan perfectamentenombres de algunos de los enanitos de Blancanieves, antes que dos integrantes de la Corte Suprema. En fin..., podría decirse que no hay que hacer una encuesta para adivinar el resultado. Tal como si aquí se preguntara por un Marcelo Tinelli, versus un ministro de Defensa. Y en lo bursátil, no se necesita una encuesta para saber que muchos más sabrán a qué se dedica una empresa cotizante -no todas- que quiénes las conducen. Y también habrá mayoría para los que retienen un saldo de línea final que el nivel de ventas, el índice de endeudamiento o el valor contable de una de las acciones. Alguna vez, creemos que un par de ocasiones tan sólo, el sistema bursátil formalizó encuestas sobre los participantes de su ámbito (la última, nos parece y la tenemos, salió como libro y era de la década del 60). Se preguntaba por motivaciones del inversor, en un cuestionario bastante extenso. Y se sondeaba a directivos de sociedades acerca de inconvenientes que encontraban para cotizar. Pero, más a fondo, también entre no-cotizantes y cuáles vallados argumentaban para no venir al mercado. Servía para bastante más que aquella «nota de color» (muy obvia) que mencionamos al inicio. Pero tropezando con aquello que se tropieza, cuando alguien contesta sabiendo que es para un trabajo y no como simple comentario informa.

Frases trilladas, argumentos estándar y que se acomodan a aquello que -se supone- quedará bien y acorde con lo que uno aguarda del entrevistado.  


Igualmente, se podían extraer algunas precisiones comunes para poder utilizarlas y llegar al objetivo de mejorar al sistema. Materia que quedó inconclusa, restando así todo valor posible a los resultados. Las cosas siguieron igual, pero con empresas que se fueron mucho más de las que llegaron. Inversores muchas veces quejosos sobre transparencias y otras yerbas, lo que conocemos de memoria. Pero podría ser hora de que la Bolsa -con el apoyo de todas las entidades- encare una consulta amplia después de estos cuarenta años de la última. Cómo piensa un inversor actual, en qué variaron las motivaciones y necesidades. Y, fundamental, sondear bien a las no-cotizantes para hallar ese puente faltante, que no consigue atraer interesados en cierta cantidad (lo dejamos picando, por si alguien repara en dar cuerpo a la inquietud).

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