23 de octubre 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

La semana pasada pareció abrir, no sin trabajo, un pasadizo en lo que parecía una muralla inexpugnable. Y la que casi condenaba a nuestro mercado a ser el «patito feo», entre un cúmulo de índices bursátiles cotejados. La gran expectativa para este nuevo período que arranca hoy pasa por ver si tal pasadizo consigue apuntalarse y si se logra sumar órdenes en dirección a las acciones, tomadas de una fuente que está con liquidez en buena cantidad y alternativas de inversión que ya ingresaron a la madurez.

No es el estado ideal tomar unos sorbos solamente porque desborda la copa, lo que no implica convicciones, pero tal como viene el ejercicio y lo que falta para el cierre tampoco la situación da para indagar motivaciones, con tal de que surjan tomadores haciendo posición. Es la realidad, es lo que hay, quedará para otros momentos del ciclo poder encontrarnos con una tendencia que se forje desde los argumentos clásicos y que prometa instalarse sin dar soberanos sustos, ni valles traumáticos.

Venga de donde viniere, ya sea como desprendimiento de otras alternativas donde se tomen ganancias, o como resultado de dinero que está flotando sin invertirse, con poco se puede llegar a armar una corriente inicial que adopte al papel accionario. Lo demás, como suele suceder, se va agregando hasta por simple simpatía con un activo al que se ve reanimado y con cierto recorrido alcista por delante. Quedando menos de dos meses y medio, hay solamente algunas señales mínimas, pero esto es bastante donde hasta hace muy poco ninguna claridad aparecía y solamente la ancha muralla, como impenetrable...


Desde lo institucional, como carteras de fondos pensión, no es mucho lo que puede aguardarse: habida cuenta de que tienen un porcentual prefijado para acciones y que el entusiasmo por el sector es poco menos que nulo. Se las escucha hablar de inversiones en «economía real», en caminos rurales (?), en proyectos de energía (densos y largos, cuando no aventurados), pero nada que las vincule a lo que debiera ser una parte de su espíritu: tomar papeles empresarios -de máxima liquidez- y ayudar desde allí a la economía real: como es financiar expansiones o propender a nuevas plantas. Incursas en el radar oficial que quiere utilizar los fondos en pro de sus propios deseos -aunque no resulten los mejores- siguen pidiendo por subir los aportes, bajo los beneficios (y de sus comisiones ni hablar). Otras veces ya se han pactado dudosas compras públicas, a cambio de que les dejen sostener el abusivo recorte administrativo que aplican sobre los aportes. Todo es negociable.

Habrá que esperar más de algunas casas bursátiles del exterior, de las que buscan perlas o mercados que les aporten «picante», junto con capitales locales en bonos que empiecen a liberar dinero frente a su evolución. Después, mucho más allá, lo que queda de inversor común. Veremos qué sucede ahora.

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