24 de octubre 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

Mientras nuestro esmirriado mercado bursátil puja por encontrar una luz que no se apague, los recambios en un organismo como la CNV siempre nos dejan la sensación de que no es para procurarle nuevos impulsos al sistema, sino -al revés- para que todo continúe como estaba. Justo cuando el desplazado Narciso Muñoz asomó la cabeza de lo que generalmente es un organismo gris y salió, públicamente, a reclamar unión de mercados y la definitiva implantación de un «mercado de futuros» para lo bursátil, le llegó la hoja de la guadaña, de un viernes para un lunes.

Acerca de lo que proponía ya habíamos emitido opinión, diciendo que nos parecía buena «la actitud» pero diferíamos en cuanto al camino que se encaraba. Una vía demasiado ancha, demasiado ambiciosa, mucho más proclive a naufragar entre jardines de la historia y de profundos desencuentros entre mercados, con escasa chance de éxito. Bueno... en realidad, terminó por naufragar primero el que emitió las propuestas -Muñoz- quedando en una hipótesis cómo le hubiera ido con la cruzada.

Por otra parte, se da una conjunción de perfiles que tienden a anularse mutuamente. Y es que si se repasa el espíritu y la estructura, como las funciones, que se le diera a la fundación de la CNV, habría que coincidir en que se trata de un organismo «gris», por vocación. Dedicado al poder de policía, a vigilar el sistema, a fiscalizar, a sancionar desvíos, y a todo lo que conlleva a dar especial protección al «inversor bursátil», al de la minoría. Con eso tienen de sobra sus funcionarios, como para tener que arreglárselas (y cada vez con menos estructura). Pero, no ingresa entre sus funciones la de convertirse en cabeza de programas de incentivación del sistema, o de hacerse eje de movimientos (aunque éstos sean loables).


En consecuencia, se nombran funcionarios -obviamente, desde el poder político de turno- como para que no alcancen mayor trascendencia, ni se sumen al escenario de los que aparecen en los medios y tratan de hacer una suerte de base de lanzamiento. Cabe recordar el protagonismo que tomó desde tal lugar Martín Redrado y lo que le costó, al entrar en la galaxia de los celos con Cavallo. ¿De quién debe ser, entonces, la misión de salir a rescatar un alicaído sistema bursátil, o mercado de capitales? Pues, a la máxima autoridad económica y con la debida anuencia política de los del «piso de arriba». De tal modo funciona nuestro mecanismo. Y esto es algo que siempre es soslayado, en todo mensaje de los altos niveles y de personajes relevantes. Cuando se habla por debajo de tales líneas -como Muñoz, ahora- sobreviene un reemplazo casi de inmediato. Es como que de eso no se habla y que todo siga su curso, aunque el curso sea seguir degradándose el mercado. Un país que tiene un permanente sesgo a lo bancario/financiero y que siempre se ha encargado de oprimir lo bursátil. Y sigue...

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