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9 de enero 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

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Ahora apareció, como regalo de Reyes, la tan dilatada readecuación tarifaria. Y esta vez le tocó al gas, suministro que -seamos sinceros- pesa bastante poco dentro de lo que pueden ser los gastos esenciales de una familia razonable. Pero es año de elecciones y todo deberá ser sumamente cuidado para que -tal es la mente oficial- a la gente común, al consumidor residencial, nada le llegue de manera frontal. Armar estratagemas para que lo reciba de modo indirecto, aunque no lo vea directamente en su factura. Los empresarios resultarán los blancos elegidos, los que se ven ahora como el jamón del emparedado, partiendo en felicitaciones por la « inflación oficial» dada a conocer desde unos días antes. Y, al unísono, debiendo comprometerse en que la suba de costos por el gas se traslade a los productos, pero sin que se note mucho. Porque tienen otro frente que cubrir, y los preocupa mucho, como es que «los buenos muchachos» de los sindicatos se les descuelguen con reclamos inesperados.

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En todo este entuerto recién estrenado está presente... lo bursátil. Detrás de cada acción cotizante hay una sociedad emisora que vive, palpita, recibe los estímulos en favor y en contra, confecciona balances y provee la materia prima para las evaluaciones. Esto, que muchos operadores quieren desdeñar y suponer que las acciones son simples «fichas», posteriormente también les pasa la factura. Es cuando se formaliza el desconcierto por no comprender de dónde vienen los cambios de tendencia, ni los porqués de ciertos papeles que gozaban de buen andar y se los ve derrapando. El apretón de organismos oficiales para que la inflación pueda dibujarse todavía más bella que en 2006 (por lo menos hasta el recuento de votos) debe presumirse como todavía más opresivo sobre los formadores de precios. La presión sobre los costos y la pérdida de márgenes para no irritar al soberano son una dura incógnita que debe estar sobre los escritorios de muchas administraciones hoy en día. Y si, además, no aparece el mismo rigor para contener pedidos sobre los aumentos de sueldos, la cuerda se va tensando.  


Todo esto lleva a una curiosidad: en estos tiempos casi es la única defensa de un mercado de riesgo, lo mismo que se debe criticar desde la ortodoxia: precisamente, que la Bolsa se vea como un simple tome y traiga de «fichas» de corto plazo, sin importar qué hay detrás. Es el modo en que se podrán entender presumibles movimientos alcistas cuando aparezcan serios obstáculos en el camino empresario que hagan decrecer la capacidad de ganancias. Fuera de un grupo de elite, privilegiado por rubros que eluden el cerco, una buena parte de los industriales pasará por presumibles sofocones, y si todo se va alineando como se esboza desde ahora. Pocas para invertir, muchas para jugar...

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