ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

1 de marzo 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

ver más
Se vino el bimestre abajo, para todos, de un suspiro. Hubo un «martes negro» -la expresión de molde que habrá dado la vuelta al mundo-, quedaron estampados en las estadísticas los porcentuales que debió asumir cada recinto e índice. Están identificados los principales detonantes de una fecha donde convergieron novedades tan distantes como provenientes de China y de Afganistán. Se les colocaron unas pizcas de fuerte condimento, con ciertos ratios de la economía norteamericana. Todo bien batido y se sirvió en copas frías a inversores de todas partes, que cuando lo bebieron quedaron congelados.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Pero, más allá de la « autopsia» y el disecamiento que se fue haciendo hasta por parte de los periodistas de espectáculos, líneas y líneas escritas desde las primeras planas y utilizando toda la sinonimia para describir el fenómeno (como si fuera nuevo), nos quedamos para nuestro archivo con lo que está debajo de la superficie y de las pérdidas cuantiosas. Un estado de endeblez extrema en los que nos movemos en los mercados de hoy, que parecen pistas de patinaje con el hielo cada vez más adelgazado.

Obsérvese que sólo porque en China subieron los encajes, todo el mundo trepidó. Porque el viejo «zorro» Alan Greenspan sacó del ropero la palabra «recesión», se quebraron las paredes. Y porque un gobernante de los Estados Unidos fue a tentar a la suerte en zona de alto riesgo, el techo se nos vino encima. Y lo que más aterra, ya pensando en porvenir, aunque estas caídas se vuelvan a suturar -como siempre ha pasado, por otra parte-, es la velocidad de la onda expansiva por todos los recintos del mundo. Sin respetar ni grandes ni chicos, economías flacas ni economías en bonanza, es cada vez mayor. Atribuible, en parte, a que los índices poseían cierta «gordura» de buenos recorridos de 2006, pero delatando que se seguía avanzando con el hielo cada vez más delgado y dispuesto a quebrarse, ante el primer susto por alguna novedad relevante.  


Ni qué pensar si la conflictiva actualidad entre Irán y los demás sube un poco de tono. Hecho que resultaría incomparable frente a una suba de encajes de los chinos o un atentado fallido. Mejor, ni suponer si aparece la Fed dando más sustento a lo dicho por Greenspan. Tanto y tanto se habla de análisis, de proyecciones, de escenarios a los que se dice «descontar», de inmensa cantidad de dinero colocado en esos estudios profesionales, y resulta que, llegados los momentos, todo cae como venido de una maldición divina. La gente se desespera, los profesionales parten con ellos, se aplastan en las salidas y generan el descalabro.

El dato del «martes negro»: el oro también bajó. En otra época sería insólito, porque: ¿qué hacen con lo vendido en Bolsa? Respuesta posible: barrer todo abajo.

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias