Un pequeño recuadro, en página 3 de Ambito del miércoles, estaba dando la clave del problema subyacente en los mercados del mundo. Por allí se hablaba de los «carry trade», que nos suena a comida sofisticada de algún menú pero que no deja de ser nuestro simple sistema de «cauciones». Esto es, para aquellos no tan inmersos en lo que hace a operaciones bursátiles, el jugar con capital de terceros. Dejar títulos en garantía, bonos o acciones, y contra ello tomar dinero para comprar más posiciones. Las que podrían, inclusive, volver a caucionarse. Es ni más ni menos que llevar el riesgo puro e intrínseco de lo bursátil al cuadrado. Potenciarlo, pensando -el que cauciona- que lo que potencia es la ganancia. Porque supone que abonando intereses bajos, como en la época actual, el rendimiento que obtendrá de papeles que están en tendencia favorable le dejará regia diferencia.
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De la caución, periódicamente hemos hablado en esta columna. Hace mucho tiempo habíamos dejado una definición que siempre será vigente. El problema mayor de las cauciones es como el de los estimulantes: crean adicción. Y el interesado aumenta las dosis, mucho más si todo le va bien, hasta que toma una... que lo mata. En nuestro régimen, algo que se suele pensar como muy lejano, si el mercado baja hasta más allá de cierto límite -10%- se reclama un refuerzo de garantía o se puede proceder a la liquidación de la posición. Cierto es, por otra parte, que es más aconsejable caucionar dentro de una tendencia favorable y no para acompañar a un mercado a la baja: esto último suele ser más funesto. Que las cauciones inyectan ritmo, velocidad, volumen a los mercados, no quedan dudas. Son un instrumento más, utilizable; si se lo sabe administrar con propiedad puede ser útil a todas las partes involucradas: al que coloca dinero a interés, al que puede apalancarse a bajo costo, al mercado en general y su liquidez.
Ahora, si pensamos que ya no hablamos de nuestro humilde sector bursátil local, sino que lo traspolamos a los grandes centros, y nos dicen que «los inversores se endeudaban en yenes (porque el interés anual estaba apenas a 0,50%) para tomar activos en cualquier otra moneda...», lo que se puede advertir es un polvorín y una mecha cada vez más corta. En la Bolsa de China -subiendo 130% en un año y en fenomenal burbuja-, en Wall Street, en mercados menores, una masa de operaciones basadas en apalancamientos y con tendencias alcistas en los índices. ¿Hasta cuándo? Hasta el gran susto del martes, o de días futuros, hasta que un simple fósforo, una chispa, enciende la mecha. Después, lo de siempre, matarse en la salida. Rogar por un rebote. Vieja historia.
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