22 de marzo 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

«... Todo lo alcanzarás, solemne loco, siempre que lo permita tu estatura.» Versos de los fantásticos «Sonetos Medicinales» -de nuestro Almafuerteque se acomodan perfectamente para todo orden de la vida, inclusive para el hombre frente a una inversión. O para el mercado mismo, las aspiraciones, las metas, los deseos, seguramente siempre resultarán de altura máxima. Y está bien que así sea, pero lo que está mal -porque puede causar frustraciones-es perder la idea de Estatura. Hasta dónde poder llegar con un curso alcista de una acción, de la Bolsa misma. Y en qué momentos se percibe que los avances en cotizaciones se alejan, de la Estatura que se posee en ese momento. Tal indicador, se desprende sólo, es ni más ni menos, que la base negociada con la que se pueda contar. Y, dentro de ésta, con la proporción que guarde la demanda y el resto probable de que se disponga. Por aquello muy viejo del «llegar es fácil, el problema es permanecer...», hay subas que no son espectaculares, pero sí lucen sólidas. Y hay aumentos que son para los ojos del que los mira, vistosos, seductores, como las piruetas en el aire que un arquero realiza para impresionar a la tribuna. Bien nuestro mercado en la rueda del martes, para dar un ejemplo fresco de un día cualquiera, porque quedó rezagado en aumentos del Merval respecto de otros de la región, pero supo cuál era su Estatura y dónde podía llegar con ella. Una rueda que era de otro rebote, aunque solamente sustentado por $ 55 millones de volumen efectivo. ¿Dónde querer llegar con una contracción de negocios, en lugar de una expansión? Allí nomás, en un vuelo cortito de perdiz, sin tomarse con arrebato la idea de la mejora forzada en los precios. .

La ortodoxia, la carta fundamental del mercado, no debe perderse nunca: origen, las más de las veces cuando se la quiere dejar en el olvido, de muchos golpes contra la pared. Y tal base fundamental no ve con buenos ojos que precios y volumen vayan por carriles distintos y en direcciones contrarias. El martes, no se convalidaba un avance mayor -ni siquiera el obtenido, quizás- al contarse con una tibia demanda y que se veía como con la oferta -quieta- dándole una mano.

No sabemos cómo se movieron otros en el mundo, en tal rueda mencionada, pero estamos en otra zona donde hay que seguir esquivando arenas movedizas y si se colocan los pies un paso más allá, podríamos encontrarnos con otra bofetada, después de aquellos «martes» funestos. Siempre que se posea la noción de la Estatura, los riesgos se puede aminorar. Si sobreviene un ataque de velocidad, basado en los deseos, la cuestión vuelve a quedar en manos de Dios (o del mercado, que para nuestro mundillo bursátil, es Dios...).

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