Debemos esclarecer dos puntos de la columna aparecida el pasado lunes y que estaba centralizada en el asunto de quiénes son los compradores de títulos de deuda de nuestro país, en la era "poscanje". Y allí mencionamos que a unos por "buitres", otros por "codiciosos" (y no "condiciones", como saliera publicado) se los había juzgado y criticado, en tren de justificar el traumático canje.
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Más adelante, al tocar el tema de las acciones "escriturales" y "nominativas" (que empleaba la Bagley cotizante del viejo recinto) decíamos que "los interesados debían darse a conocer" (y no a "convocar", como se reprodujera). Pero, más allá de esclarecer estos términos que pudieron confundir al lector, lo curioso es que en la misma fecha se bautizó a otro tipo de inversor de bonos: el llamado "inversor fantasma". Esto, en una nota de nuestro diario titulada como: "Trascienden detalles del misterioso fondo"... y que desarrollaba la densa trama de importantes sumas en bonos no sólo argentinos sino también venezolanos -dos joyitas del mercado moderno-que se habían volcado en las plazas y con perjuicios para las cotizaciones de los mismos (derivación clásica, de un vendedor importante y permanente).
Al parecer, se develaba el misterio a través de una entidad suiza caída en problemas, su traspaso, y la actuación de un pícaro operador italiano que trabajando para el banco en crisis, lo había adornado con nada menos que u$s 4.000 millones en bonos de estos países. Y de la nebulosa que había en las plazas, hasta no saberse quién resultaba el que estaba detrás de esta trama, se forjó la expresión "operador fantasma". Bueno, el hombre principal responsable -según se apuntase llama Roberto Capitaneo. Y eso no importa más que para lo anecdótico, porque -en verdadmientras los títulos sean al portador, podría tratarse del propio "fantasma Benito" en persona: que a nadie le debe interesar buscar reconocerlo.
Seguramente, nuestro simpático operador italiano debía ser uno de los "buenos muchachos", amantes del gran riesgo y dispuestos a jugar con todo tipo de explosivos financieros. Y si la mecha se enciende, mala suerte...
Lo que viene a corroborar que, en la grey internacional tomadora de este tipo de papeles, se van a encontrar más de "buitres", "tiburones" -o "fantasmas"que asustan en cualquier momento-que pertenecientes a razas más sobrias y diáfanas de inversores.
Esto ya debe estar agregado a la carpeta que utilizara nuestro gobierno oportunamente, como para poder identificar a los próximos "responsables"de una teórica problemática con títulos de deuda, que no querremos asumir con compromiso de abonarse. O le puede servir a un próximo gobernante, para repugnar servicios actuales -con vencimientos largos-en función de que "En 2005, los tomadores eran buitres y fantasmas".. (Ya lo veremos).
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