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26 de abril 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

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La incertidumbre sigue campeando, nítidamente, sobre los mercados de riesgo y esto se testimonia con la simple realidad de los arranques y frenazos, o retrocesos y repuntes, que -más allá de algunos con buenos resultados-vienen siendo menú diario de muchos recintos. Baste, además, realizar el simple ejercicio de cambiar impresiones con otros inversores, con profesionales de la intermediación, con analistas varios, para caer en la cuenta de que los que arriesgan un pronóstico lo hacen más desde el simple "pálpito" que con argumentos que puedan sostenerlo fuertemente. Y una buena parte no posee idea arraigada de qué puede estar aguardando en los mercados para el resto del año. Como la foto del astronauta en el espacio: puede ir hacia arriba o hacia abajo, o a los costados, simplemente flota...

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Hoy en día está instalado cierto debate sobre los mensajes que emanan de los círculos superiores -como la Reserva Federal-y si es más conveniente que los que rigen la economía (agregaríamos a los gobernantes, que muchas veces la digitan o la desvían, o la ensucian) envíen señales ambiguas, difusas, no determinantes. O si corresponde que informen claramente lo que saben y lo que opinan. Le decimos al lector que estamos por la segunda de las opciones. Lo fundamentamos en que dejar las cuestiones a media agua solamente alienta a que desde el choque de intereses aparezcan mares de informes y de interpretaciones, según les venga bien a los emisores. Y, por otra parte, nunca lo que se quiere preservar -como informe secreto-queda en escasas manos. Con lo cual se forma un grupo de privilegiados en la información y voraces para sacar gran partido de ello. O los amigos. O bien, los amigos de los amigos.

Al respecto, ya más sumidos en lo bursátil, siempre nos agradó la definición de un titular de la SEC de los 90 que había venido de visita a Buenos Aires y en un reportaje afirmaba: "No nos importa que alguien quiera comprar una manzana podrida en el mercado. Lo único que nos interesa es que todos estén al tanto de que la manzana está podrida"...

Hay muchos personajes en altos cargos que suponen que si lo desagradable se oculta, ya no existe. Otros aplican el método de falsear, maquillar la realidad, creyendo que la simple manipulación hará que todo quede inocuo. Preferimos quedarnos con aquello que reza la cúpula del Congreso sobre que "la ley es dura, pero es la ley" (que muchos legisladores parecen no haber leído) y, parafraseándolo, decir: "La verdad puede ser dura, pero es la verdad". Y los mercados pueden soportarlo todo, antes que la incertidumbre.

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