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30 de agosto 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

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Un golpe en la nuca (tipo mataconejo) recibieron el martes los mercados. Justamente en la columna anterior a tal rueda lo habíamos dejado de ejemplo, referido a lo mal que se reciben las recaídas, cuando algunos -o muchos-creen que se está saliendo del túnel, o de lo peor, en definitiva: como que el fondo del valle quedó atrás. Y resulta que una tarde se lo colocan de nuevo por delante. La temática, ya muy mellada de insistir con lo mismo, pasó por adjudicar a la Fed que «dejó una imagen poco clara sobre la marcha de la economía...». Que es el mismo recitado que también cabía antes del desastre, cuando los índices seguían tirando hacia arriba y los «poetas» de la Reserva Federal enviaban letras confusas. La diferencia es que los operadores, lanzados y sin miras de querer poner el freno, siempre intentaban captar alguna arista que pareciera positiva de tales envíos. Y la ambigüedad con que se los redactaba daba para todo. Ahora, la Fed sigue con su misma literatura, pero los hoy «llorones de Wall Street» le encuentran el lado oscuro, negativo, y lo tiran al mercado para que todo siga en carne viva. Ergo, es una presión ya muy descarada para ver si logran el verdadero objetivo, que les toquen las tasas hacia abajo y poder manejar activos caídos, con dinero blando. La mezcla ideal para quienes, seguro, fueron saliendo a tiempo, mientras les irrigaban «informes» optimistas a los inversores del mundo. Unos culpan a los otros, aunque si se pusieran las cosas en su lugar, se vería cuántos responsables hubo en toda esta componenda de intereses que llevó la cuestión al borde del pánico.

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El martes también volvimos a comprobar que Buenos Aires sigue resultando el eslabón más débil de la cadena de mercados. Otro porrazo con los bonos y con las acciones colocándose en igual situación: mientras bajaban los otros algo más de 2%, por aquí debió asumirse el doble. Mientras se siguen creando indicadores económicos imaginativos, quitando lo que no gusta y suavizando las puntas hasta están buscando negociar, concertar, con los del INDEC para que todo quede bajo control y ya sin expresiones críticas. Otra buena imagen para atraer inversiones: Moreno, queriendo meter presos a todos los de un directorio de sociedad extranjera. Obviamente, amparado por la pasividad general que se dedica a la intención. ¿Qué dirían los de la UIA si la amenaza fuera contra un empresario local?

Siempre estamos en la misma: al problema importado le sumamos la belleza del escenario local y, entonces, cuando vienen los golpes recibimos dos a cambio de uno. Es el «premio» a pagar por tantos dislates, en una época donde --para colmo-se ven desastres en mercados de primer nivel. (Puede que todo cambie, si los «llorones» consiguen lo que buscan.)

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