La ministra de Economía y Energía de Alemania, Katharina Reiche, dejó definiciones contundentes durante su participación en CERAWeek by S&P Global, en Houston. En diálogo con Daniel Yergin, la funcionaria planteó un giro en la estrategia energética europea, cuestionó decisiones del pasado y advirtió sobre los riesgos que enfrenta la economía alemana en medio de la escalada de tensiones en Medio Oriente.
Katharina Reiche admite que Alemania y Europa necesitan un "reality check" energético
La ministra de Economía y Energía germana abogó por un cambio de paradigma en su país y en Europa: la transición energética ya no puede basarse únicamente en objetivos climáticos.
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“Nos concentramos demasiado en la protección climática y subestimamos la asequibilidad. Eso fue un error y lo vamos a corregir”, afirmó la ministra de Economía y Energía de Alemania, Katharina Reiche.
Con un tono directo y autocrítico, Reiche reconoció que el modelo energético impulsado en los últimos años en Alemania y la Unión Europea necesita correcciones urgentes para recuperar competitividad, garantizar seguridad de suministro y contener los costos.
El impacto de la guerra: precios en alza y riesgo económico
La ministra no esquivó el contexto global. En medio de la volatilidad generada por el conflicto en Medio Oriente, alertó sobre el impacto inmediato en los precios energéticos. “Ya vemos el impacto económico. Los precios están subiendo, especialmente la gasolina, el diésel y el combustible para aviones”, afirmó.
Si bien aclaró que por ahora no hay problemas de abastecimiento, advirtió que el escenario podría complicarse en el corto plazo: “No vemos todavía escasez en términos de volumen, pero si el conflicto no termina, eso podría suceder hacia finales de abril o mayo”.
El impacto potencial no es menor. Según estimaciones oficiales, Alemania podría enfrentar pérdidas por unos 40.000 millones de euros si la crisis se prolonga, en un contexto donde la economía recién comenzaba a mostrar señales de recuperación. “La pequeña y frágil recuperación de la economía alemana está bajo presión en este momento”, resumió.
Autocrítica histórica: “La salida de la energía nuclear fue un gran error”
Uno de los momentos más resonantes de su exposición fue cuando abordó las decisiones energéticas del pasado reciente. Reiche fue categórica: “La salida de la energía nuclear fue un gran error, un gran error, y extrañamos esa energía porque además se producía a precios accesibles”.
La ministra vinculó esa decisión con la actual vulnerabilidad del sistema energético alemán, que perdió cerca de 20 gigavatios de generación baja en emisiones sin contar con un reemplazo adecuado en tiempo y forma. A esto se sumó la dependencia del gas, que quedó expuesta tras el corte de suministros desde Rusia.
En ese marco, explicó que Alemania está reconfigurando su matriz energética con nuevas inversiones en generación flexible: “Este año haremos la primera subasta para 12 gigavatios de nuevas centrales eléctricas… hasta llegar a 36 gigavatios”.
Gas, GNL y Estados Unidos: un nuevo eje energético
La reconfiguración del sistema energético europeo tiene un protagonista central: el gas natural licuado (GNL), especialmente el proveniente de Norteamérica. “Estados Unidos ha sido un socio confiable. Nos ayudó durante la crisis cuando decidimos dejar de depender del gas ruso”, sostuvo Reiche.
Actualmente, el GNL representa una porción creciente del suministro alemán, con cerca del 10% del total, y con fuerte participación estadounidense.
En ese sentido, la ministra anticipó un cambio estratégico clave: “Debemos dejar de depender tanto del mercado spot y avanzar hacia contratos a largo plazo”.
El objetivo es claro: reducir la volatilidad y mejorar la seguridad energética en un contexto global cada vez más incierto.
El “reality check” energético: costos altos y falta de capacidad
El concepto que marcó su intervención fue el de “reality check”, una revisión crítica del rumbo energético europeo. “El ‘reality check’ es que los costos de la energía son demasiado altos. Nos falta capacidad de generación”, explicó.
Aunque destacó que las energías renovables ya representan el 60% del sistema eléctrico, advirtió que ese avance tiene costos estructurales elevados y riesgos operativos.
Según detalló, los costos fijos del sistema energético alemán alcanzan los 90.000 millones de euros, a lo que se suman impuestos, recargos y precios del carbono. “Nos concentramos demasiado en la protección climática y subestimamos la asequibilidad. Eso fue un error y lo vamos a corregir”, afirmó.
Críticas al modelo renovable: subsidios y distorsiones
Reiche también apuntó contra el esquema de incentivos vigente para las energías renovables, al que calificó como insostenible. “No podemos permitir que un parque eólico o solar reciba pagos incluso cuando los precios son negativos o cuando la red está saturada”, cuestionó.
Y agregó: “Ese no es un modelo de negocio saludable, ni para el resto que tiene que pagarlo”.
En ese sentido, el Gobierno alemán avanzará en reformas para que las renovables asuman mayor responsabilidad en el sistema, especialmente en términos de costos y estabilidad.
Más allá de la energía, la ministra trazó un diagnóstico preocupante sobre la competitividad europea. “Estamos perdiendo industria, estamos perdiendo nuestro núcleo industrial”, advirtió, al tiempo que remarcó que más del 20% del empleo en Alemania depende del sector industrial.
El problema, según explicó, es estructural: altos costos energéticos, presión regulatoria y cargas laborales crecientes. “Las cargas combinadas ya superan el 42% y podrían llegar al 48%”, alertó.
Un giro político en Europa: menos regulación y más competitividad
Reiche también cuestionó el enfoque regulatorio de la Unión Europea, en particular el legado del Pacto Verde impulsado por Ursula von der Leyen. “Europa está orgullosa de ser una potencia regulatoria. No estoy segura de que eso sea algo de lo que debamos estar orgullosos”, lanzó.
En ese sentido, planteó la necesidad de un cambio de enfoque: “Ahora debe tratarse de competitividad”.
La ministra incluso advirtió sobre el impacto de las regulaciones europeas en las relaciones internacionales: “Cuando hablo con socios del Golfo, me preguntan si queremos hacer comercio o imponer regulaciones”.
China, inteligencia artificial y el nuevo mapa energético-industrial
Otro eje clave fue la creciente competencia de China, no solo en volumen sino en tecnología. “China está alcanzándonos rápidamente”, señaló, especialmente en sectores industriales avanzados.
En paralelo, destacó el rol estratégico de la energía en la revolución tecnológica: “Si pensamos en la inteligencia artificial, todo empieza con la energía”.
Alemania prevé un fuerte crecimiento de la demanda eléctrica impulsada por centros de datos, que pasará de 21 TWh actuales a 40 TWh en 2035, lo que exigirá inversiones masivas en infraestructura.
Para sostener esta transformación, Alemania necesitará inversiones de gran escala. Reiche fue clara: “En los próximos 15 años debemos invertir hasta 600 mil millones en redes de transmisión y distribución”.
La ministra incluso aprovechó el escenario de CERAWeek para enviar un mensaje directo a los inversores internacionales, destacando que se trata de un sector regulado con retornos estables.
El nuevo paradigma: equilibrio entre clima, seguridad y costos
El mensaje final de Reiche dejó en claro el cambio de paradigma que busca impulsar Alemania -y, en buena medida, Europa-.
La transición energética ya no puede basarse únicamente en objetivos climáticos. Debe incorporar tres variables centrales: seguridad de suministro, competitividad económica y accesibilidad.
“La energía accesible, abundante y segura debe volver al centro de la política”, sintetizó.
En un mundo atravesado por conflictos geopolíticos, competencia global y revolución tecnológica, la advertencia de la ministra alemana resuena más allá de Europa: la transición energética entra en una nueva etapa, donde el pragmatismo empieza a imponerse sobre la ideología.





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