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11 de septiembre 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

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No es sencillo saber qué tipo de bibliografía consultan los inversores y operadores de nuestra época como material de respaldo a la toma de decisiones. Y para procurarse una idea aproximada sobre sucesos del pasado que respondan a condiciones bajo presión, como se viven en el mundo actual. No es ilógico pensar que buena parte de los interesados se resuma a colgarse de una pantalla, engullir la mar de informes y pronósticos que entra por la otra punta y entregarse a una toma de decisión inducida por otros. E.F. Shumacher es quien a inicios de los 70 y en una obra muy recomendable -llamada «Lo pequeño es hermoso»- ya planteaba la problemática de los pronósticos y «gurús», lo peligroso de subordinarse a ello y especialmente cuando las predicciones no muestran una razón convincente acerca de por qué el factor al cual la predicción se refiere es injerentemente predecible.

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Sin embargo, no descalifica de plano el intentar el pronóstico -seriamente-y en base a que «el futuro no puede ser pronosticado, pero sí puede ser explorado». Y si los considerandos a los que se preste atención fueron hechos por juicios de cerebros maduros -no electrónicos- que observan situaciones con firmeza y calma y la ven en su totalidad, merecen ser recibidos.

La simple fórmula que propone, en definitiva, es: « Deténgase, mire y escuche». Preferible a «consúltelo con su pronóstico». Los chinos siempre consultaban -no sabemos de los actuales-el «I Ching» ( llamado «El libro de los cambios»). Y el mismo tiene fama de ser el libro más viejo de la humanidad, basado en la convicción de que mientras todo cambia continuamente, el cambio mismo es inmutable y se conforma de leyes metafísicas comprobables.

De allí se desprende una bella descripción, muy apropiada para entender las fases de los ciclos de todo orden, no sólo de mercados. Y dice: «Todo tiene su tiempo y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora... Tiempo de destruir y tiempo de edificar. Tiempo de esparcir piedras y tiempo de juntarlas».

Podríamos coincidir con el lector e inversor, de cualquier parte, que se está viviendo el tiempo de «esparcir piedras», pero que sobrevendrá el otro y hay que estar prestos para poder «juntarlas» de nuevo. Esto no parte de una computadora, ni de iluminados por ceñirse a un programa y dictar enunciados rígidos. No se trata de pronosticar nada, sino de reconocer que las fases y las etapas se van quemando, en las dos direcciones -cumbres y valles-y que no vivirán los mercados, por siempre, en alguna de ellas. «Detenerse, mirar, escuchar», observar el panorama con la calma necesaria, y reconocer en qué punto estamos.

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