Perder de los paneles bursátiles a un nombre como Acindar, salida que -obviamente-es voluntad privativa de la empresa, es mucho más que un casillero que quedará libre.
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Tampoco es para creer que el lugar dejado por Acindar se podrá cubrir de inmediato, con la llegada de cualquiera que esté en la lista de ingresos a la cotización. Que una cuestión es ocupar un lugar en la nómina y, otra muy distinta, resulta la de equiparar el peso histórico de una acción como la que irá a partir, con una recién llegada.
Los que llevan una trayectoria en el sistema bursátil han crecido al amparo de un grupo de « clásicos» que se habían forjado el derecho de ser llamadas así. En toda cartera primeriza debía figurar alguna porción de Alpargatas, de Celulosa, de Acindar, de Dálmine Siderca, o de Ledesma. Un historial que viene desde los años 40, pasando por grandes momentos, y de los otros, acompañada su dirigencia original -y un López Aufranc a la cabeza-de la familia Acevedo, resultando mascarón de proa del mercado argentino con el apoyo del inversor minoritario. En la nota, sobre la que se venía operando desde unos cuantos días atrás, se habla de las motivaciones que llevaron a realizar la oferta pública por las acciones que están en plaza y no corresponde al grupo de control. Se dice que deben hacerse de «al menos 90% de las acciones de Acindar». Queda claro cuál resultará el siguiente paso, tras el esfuerzo importante de capturar los títulos con el «premio» de casi 20 por ciento que se ofreció a sus poseedores respecto de precios recientes.
Lo demás, más allá de lo oficialmente dicho, queda para las hipótesis de cada uno sobre el particular. Y en este momento recordamos que, al efectuar comentarios sobre sus balances de cierto tiempo a esta parte, debíamos siempre remarcar que el ambiente bursátil que se había formalizado frente a sus números llegados no se correspondía con estados contables y saldos, que merecían más elogios que críticas. Sin embargo, invocando la consabida tontería de las «proyecciones» y estimaciones particulares (donde cada empresa debe responder a lo que, de modo antojadizo, se les quiere imponer con un simple cálculo), se formó un reiterado frente crítico que impactaba sobre sus cotizaciones. No podemos atestiguar que esto haya contribuido con la decisión, pero a nadie le agrada recibir castigos gratuitos y con vacuos argumentos.
En su historial hubo, sí, episodios que merecían reparos y -en especial-con una estrategia de «suscripciones» que caían en momentos inadecuados, faltas de una imprescindible lectura de la realidad del mercado, o de la acción. Eran tiempos de «viejo recinto». Otra Bolsa, otra gente. Una Acindar netamente nacional, que luego debió ser asistida por el capital exterior. Lo que parece buena noticia, por el «premio» es mala para el mercado.
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