Chequeando repercusiones dentro del ambiente, y ciertos escritos en los medios, comprobamos que la salida de Acindar de nuestros paneles bursátiles han dado tela para cortar en lo que no tendría que resultar una sorpresa, pero que agitó las aguas. La partida de Acindar no constituye el peligro de un éxodo de cotizantes porque ya es una tendencia y desde hace mucho, mucho tiempo. Los interesados pueden consultar la estadística -que figura en los boletines mensuales que ofrece la Bolsa de Comercio respecto del número de sociedades listadas, como acciones, y comprobará de un vistazo que cuando se compensan entre sí las altas y las bajas casi siempre los ejercicios van dejando menos nombres habilitados. Esto viene siendo para las sucesivas autoridades de la Bolsa -no de otros organismos relacionadosun tema de primer orden: ver si existe el modo de colocarle un tapón a las salidas de las empresas y -fundamentalmentede qué manera se pueden integrar nuevas firmas a la cotización. Y conviene remarcar lo de las acciones, porque es cierto que hay una nómina densa si se conjugan a las que emiten papeles de deuda, o las que ahora están por otros senderos aledaños, como el cheque diferido que se transa, o la insinuación sobre las pymes. Algunas veces, hace muchos años ya y cuando esta tendencia se acrecentaba, pero todavía existía un cierto número de listadas, hablamos sobre el hecho de discriminar en favor -por una vez-del sistema y no en beneficio de los que solamente quieren utilizar el vehículo que les conviene, sin interesarles un comino de la Bolsa (y hasta varios de ellos, hablando tonterías en contra de lo bursátil). Venir a colocar una ON debería llevar implícito que participarán de la oferta pública. (Y si les repugna participar, que busquen en otro lugar donde emitir deuda.)
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El problema que vemos y que hará cada vez más difícil poder dar vuelta la nefasta tendencia, es que a la Bolsa se la vino dejando de lado en todo tipo de gobierno y desde tiempo casi inmemorial. Ha quedado como un romántico adorno del país, como quien posee un artístico sillón de siglo y medio de antigüedad y lo deja en exhibición en un rincón de la sala. Han existido incentivos para todo, y de todos los colores, pero no hubo una sola medida (desde la época de la « desgravación» que implementara Ferrer, allá por los 70) de fondo.
Demostrando en el país que sus poderes políticos y económicos estén dispuestos a poner en plena vigencia un sistema que no precisa dar ningún examen en el mundo. Acindar hizo ruido propio ahora, porque se trata de una de las «clásicas». Si se iba una mediana, apenas hubieran salido dos líneas en los diarios.
Pero el asunto es que no es el comienzo de nada: sino, mucho peor, la simple prosecución del mal, para el que no se tienen remedios poderosos. Y es así.
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