Se va armando un mercado interesante, calificativo que no resulta rimbombante, pero que es bastante decir para la tendencia mundial que se está atravesando. Poseer un mercado que se mantenga en un buen ritmo de órdenes, a no menos del doble del promedio que se traía en buena parte del año (hasta mediados de octubre, más precisamente) y cuando en muchas otras Bolsas las paredes tiemblan, resulta todo un logro para quien vino resultando la mayor de las «anclas» para la inversión: nosotros.
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Es cierto que si se recorre el menú local de posibilidades de colocación de dinero, casi no ha quedado ninguna que pueda considerarse atractiva. Los bonos, sumamente estrujados por la decisión oficial de sabotearles la renta que se indexa, los plazos fijos debiendo luchar para que no se les escapen incautos que sigan renovando, sabiendo que lo que brindan corre por debajo de la inflación real.
Propiedades no resulta un competidor, más allá de haberse situado en niveles de máxima, con plena madurez, porque ni integra la lista de las que son de liquidez. Y por lo que exigen para poder acceder a ellas. Ya el oro se ha ido por las nubes, las monedas resultan un escenario de permanente arbitraje y requiriendo especialización. Por simple descarte: las acciones, que estaban en el fondo de la lata, salieron a superficie en esta última parte del año. Y lo de la semana anterior presentó una faceta más, a corroborar en la presente.
El despegarse del Dow Jones y su mandato, ha sido motivo de unas cuantas líneas nuestras del diario de ayer. Y es que nos causó gran sorpresa ver a la «locomotora» descarrilando y a la línea de «vagones» manteniéndose en los rieles y hasta pudiendo rodar hacia adelante. Es difícil de creer que ese despegarse, pueda resultar una rebelión duradera. El asunto es si se podrá conseguir un tramo al menos, donde la energía no se pierda, los inversores no se asusten por verse solos en la inmensidad. Y acaso poder empalmar con un Dow Jones, que ubique otro dique de contención a sus caídas. Como si se tratara de un mecanismo bien afiatado, haciendo que nuestro mercado consiga criar algo de musculatura.
Es todo tan difícil en estos tiempos, que hay que unir eslabones para poder intentar una lectura que sirva. Como nos declaramos discapacitados bursátiles, para poder entender qué sucede con el mercado mundial, más allá de reconocerlo como un enorme remolino que amenaza con absorber a los más confiados, tratamos de colocar la lupa en el escenario local. Y ese islote que se formó durante la semana anterior, que le permitiera eludir los sogazos que llegaban de afuera.
Nos importa más que se sostenga en órdenes, aunque no pueda hacerlo en precios. El quiebre del volumen a cifras de antes, es lo que sí indicaría que el clima se complica y lo mejor se puede desvanecer. Se verá.
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