La incógnita a develar es: por qué el mercado ejerce tanta fuerza de arrastre, traducido en volúmenes que nunca más bajaron de los tres dígitos, y la oferta no parece ceder en sus incursiones profundas. Cómo es que surge un tan intenso recambio de posiciones, donde hay una importante fuerza de absorción de cantidades; pero, al unísono, existe otra mitad del mercado local que supone que es un buen momento para salir de sus posiciones. Demasiado parejo, como para todavía seguir desconfiando de que la potencia compradora resulte la inevitable vencedora en la zona de gran choque de fuerzas y que viene desde mediados de octubre. Al respecto, cabe puntualizar nuevamente lo que decíamos en su momento: la presencia de Chávez en la OPEP, lo que ya es todo un delirio del líder venezolano, respecto de lo que se hará con el precio del petróleo fijó una reciente inquietud en el escenario. A partir de la amenaza del controvertido líder sudamericano, prepoteando con llevar el precio del barril al doble en la medida en que se tomen medidas respecto de Irán. He ahí todo un escollo posible para la economía del mundo, y que sigue pendiendo sobre las variables a considerar.
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Pero en lo local, cabe insistir con lo mismo: a qué se debe una oferta tan generosa en la entrega de posiciones, cuando el mercado ofrece una muy buena corriente tomadora desde mediados del mes pasado..
Esto debe romper hacia uno de los lados, porque a pesar de que la semana dejó al Merval como cabeza regional de los mercados, su mejoría en precios no tuvo directa relación con la enorme cantidad de órdenes giradas a lo largo de las ruedas tratadas. Es extraño el comportamiento, que no permite visualizar que se haya efectivizado una zona de « acumulación» tan imprescindible como para pensar en encarar un nuevo ciclo favorable.
En tanto, se sigue presentando al nuevo ministro de Economía más por el lado del « cholulaje» que de los méritos del personaje y lo que pueda realizar de modo independiente. La sociedad se está enterando de que es fanático de Bochini, de Keynes -no se sabe bien el orden-, que es una suerte de adscripto a la escuela de González Fraga (a la vez, mostrado como de los máximos cultores de Keynes en el país) y hasta ya le adjudican la etiqueta de un nuevo «golden boy» de nuestro escenario, detrás del primero: que fue Martín Redrado. Es notable, pero todo el ruido armado en torno del joven ministro se asemeja mucho más a la época tan criticada de los 90 que a estos tiempos donde tanto se habla del giro a la izquierda. Realmente, es un extraño batido el que se ha conformado y manteniendo a dos filosos «alfiles», como De Vido y Fernández, dejando al entusiasmado recién llegado entre las dos hojas de tal tijera. Existe, por ahora, tanto entusiasmo por el mercado como gente dando posiciones. Y es lo que hay que aclarar.
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