21 de noviembre 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

No faltará mucho, casi se podría rotular ahora mismo, para que esta década quede en la historia como «de las retenciones». Mientras al nuevo ministro se lo veía como hincha entusiasta con tribuna futbolera -con camiseta y todo-, los planes (de lo que mucho se ufanaba Néstor Kirchner en viejos discursos), tranquilamente podrían quedar ausentes. Solamente con desplegar un mapa de sectores y actividades y cada vez ir incorporando más donantes que tengan una rama exportadora; lo demás es sólo elegir los momentos, hacer un ranking, cumplir un cronograma y ponerle fechas.

¿Qué mejor plan económico que dejar que los privados trabajen, exporten, y aplicarles los colmillos a gusto y placer? De todos modos, la UIA no hará ningún intento serio por protestar nada. A sabiendas de otro de sus tantos alineamientos con todo gobierno de turno e ideología que aparezca. Se conforman con obtener algunos beneficios que no irriten al poder y, como ahora, donde se juega la doble posibilidad de revivir un BANADE o de conseguir subsidios en las tasas. (O bien, todo el premio.)

Si uno pudiera utilizar el mismo mecanismo en lo doméstico, qué fácil sería la vida para la familia. Un jubilado podría aplicar alguna «retención» al yerno próspero, rebanarle parte de sus ingresos y darse la buena vida. Sin planes, sin economía alguna, sólo pensar en cuánto se necesita gastar y tomarlo de otros bolsillos.

La advertencia se lee clarita en el aire. Y los industriales que no la quieran leer se llevarán un disgusto luego. No cabe felicidad porque a unos no les toque, es hora de ir remojando las barbas, porque todo está por llegarles.

Aluminio hoy, después que vendrán: ¿frigoríficos?... acaso papel, quizás azúcar, o bien fruta hacia otras naciones. Nada más sencillo que mantener un tipo de cambio alto, listar exportadores, decir que les mantendrán una «ganancia razonable» (acorde con el mágico medidor oficial) y aplicarles la consabida retención.

Y pensar que hay nostálgicos que se quejan por lo privatizado, cuando están ya a socios a 50% de modo directo en el petróleo. Sin contar los impuestos internos que se perciben. Y el costo y los problemas les quedan a los que deben producirlo. ¿Podría resultar muy rentable una YPF estatal, como la de antes, rebosante de gastos y personal? (Sin conocerse balance alguno, coto de caza de sindicalistas, hasta mostrando déficit, como ocurriera...)

El dinero fácil narcotiza la mente, esto sucede a todo nivel y condición. Y sólo crea la adicción de tener que aumentar las dosis, con un esquema que se ofrece tan simple.

Mucho hablar de Keynes, pero esto no se le habría ocurrido ni a él. Que sólo profesaba una economía dirigista en tiempos de crisis. Y no al Estado como un simple señor feudal: recaudando de sus súbditos.

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