23 de noviembre 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

Estamos culminando un pasaje donde Wall Street ha quedado casi totalmente fuera de juego -salvo esa media rueda formal que abrirá hoy- y a solas con los índices regionales. Que vienen sufriendo los avatares que corresponden a la locomotora, pero que hace descarrilar a los vagones. Nosotros, modestamente, como a lo largo del año, seguimos siendo el vagoncito de «cola» -donde va el guarda- pero llama la atención lo cerca que nos situamos de México: no porque hayamos mejorado nosotros, que hubiera sido lo ideal, sino porque los mexicanos -acaso por su vecindad desaconsejable en estos tiempos- derraparon feo en estos últimos tiempos.

Ciertamente no es consuelo que a otro también le esté yendo mal, pero todo indica que resulta un ejercicio que ha sido de los más difíciles de poder encontrar por los operadores, desde muchos años a esta parte.

Porque cuando hay años malos, decididos, ya se sabe que el panorama está determinado. Y si los hay buenos, dentro de cierta armonía y con el fondo firme, solamente queda con acertarles a las mejores carteras. Lo peor es tener todo un camino sinuoso, rodeados de contextos que estallan con cuestiones delicadas y afectan a las economías, matizado por pasajes que repuntan y hacen creer en reversiones que después son recaídas.

A poco más de un mes de clausurar 2007, el balance de la inversión en acciones es altamente deficitario. En términos reales y cotejando con activos sustitutos, la cuenta -obviamente- es mucho más preocupante (ya sea deflacionando lo obtenido o restando los intereses que se podían conseguir en renta fija).  


Apostamos a que existiera un principio interesado de grandes carteras, aquellas que «compran cuando todos venden» y que tienen la paciencia necesaria y la falta de premuras para que un ciclo favorable se termine de armar. Pero claro, lo que sucede en el mundo y con epicentro en Estados Unidos termina por poder deteriorar cualquier intento. Nos venía gustando -mucho- el desempeño del volumen desde que empalmó esa racha notable de mediados de octubre y cuando se sumaron grandes montos cambiando de manos. Sin importar los altibajos en precios, se persistía en la gran dinámica de negocios.

Sucedió que en la última semana hacia aquí, reapareció la desprolijidad de los movimientos. Además de las culpas adosables a lo del Dow Jones y su incidencia, surgieron ciertos cortes de energía en la demanda. Lo que podría representar dudas o falta de la necesaria convicción. O, peor aún, que se esté agotando el suministro de asimilación de cantidades. Bajamos la impresión de máxima, por lo menos hasta ver cómo se vuelven a alinear las fuerzas. No desistimos de la «acumulación», aunque evitando que el deseo nos disfrace la realidad.

Dejá tu comentario

Te puede interesar