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14 de marzo 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

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Los del Norte siguen con su problemática; es lo que lleva la máxima atención diaria (y porque los satélites van corrigiendo según cómo les vaya a los ejes del sistema). Pero esto deja en segundo plano lo que ya tiene que ir preocupando más y mirando hacia adentro. El clima del paraíso artificial que se ha querido crear, viviendo a espaldas de lo que suceda en la tendencia global y haciendo cada nuevo desastre con cada sector al que se acomete. La simple fórmula de rebanarle más y más a lo agropecuario y con propuestas que esconden el simple afán recaudatorio, pretendiendo que es una estrategia para dar equilibrio a los productores con las retenciones móviles. El dirigismo en una expresión cada vez más ostensible y creyendo que a las leyes del mercado las pueden suplantar, con mera voluntad de funcionarios tozudos. Paraíso artificial que ya muestra unos regios nubarrones, que se puede medir a través de datos objetivos y confiables: casi 90% de los depósitos bancarios no se hace a más de 90 días. Típico modo de actuar de las épocas bien inflacionarias, en demostración de que la confianza ciudadana se entrega apenas con pagarés de corto plazo. Y otra muestra, también, puede pasar por la explosión de ventas en lo automotor: preferencia por colocarse en un bien tangible, antes que sumirse en colocaciones poco rentables, como riesgosas para lo que es nuestro modo de cambiar de normas de manera unilateral. Además, ¿en qué podría invertir dinero un ahorrista en la Argentina? No existe nada, en la posible gama tradicional, capaz de ser tentador para derivar el capital interno. Saliendo de los inmuebles, que por sus precios sólo pueden ser alcanzados por una alta gama, el automóvil resulta un bien sustituto y como refugio de valor en este caso: a la vista de cómo han ido trepando los precios de nuevos y usados.

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Las entidades financieras hacen su propio juego: toman con tasa de inflación oficial como referencia para la renta. Y prestan con el parámetro de la inflación real, que las mediciones privadas se encargan de tomar. Pero hasta el colocador más ingenuo termina por caer en la cuenta -como en 2007- de que su dinero cada vez vale menos, cuando lo mide contra bienes reales que cada vez le quedan más lejos. Entre lo que viene sucediendo con la economía rectora, con aquello que muestran también referentes como petróleo y oro.

Con el estado de plena confusión en que se sume ahora el campo en nuestro medio, no todo se soluciona enarbolando cifras de las «reservas».

Algo tendrá que suceder, que varíe la primitiva idea de la prepotencia: por el manejo racional y serio.

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