El mundo actual no es muy sencillo de entender, pero no sólo aquí -donde estamos muy acostumbrados a lo incomprensible-, sino que ahora llegó otra novedad desde Estados Unidos: y donde la gente del JP Morgan, que se «chupó» a Bear Stearns, está haciendo lo inimaginable para que los directores ejecutivos de esta entidad permanezcan en sus cargos. Les han ofrecido efectivo importante y la promesa de darles acciones, una vez terminada la adquisición. A los mismos responsables del desastre, que llevó a la tradicional entidad a la quiebra, envuelta en los velos de las hipotecas y los bonos.
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Claro que en medio de esto hay otra cuestión, porque parece que Morgan precisa del apoyo de estos directivos para aprobar la transferencia. Nada que ver con aquello que cualquiera pudiera suponer al destaparse el embrollo de Bear Stearns y terminar dando lástima, como terminó: fagocitada por un competidor. Acusaciones, reparto de culpas, la alta probabilidad de ver gente en cautiverio -como pasó con Enron- y, de ninguna manera, que el posible adquirente se desviva para que se queden esos mariscales de la derrota. Hasta el momento, parece que fueron los esquimales los que armaron todo el tremendo lío y que ya no resiste más calificativos, cuando lo están comparando hasta con la Gran Crisis de 1929.
Da la sensación, en todas partes y sin tener mucho en cuenta la importancia por país, de que estamos inmersos en un lodo donde el crimen paga. La estafa se admite (a veces, hasta viendo como « pícaros» a los que la hacen). Gente ahora que arrastró a la economía del país rector y, por ende, poniendo en grave riesgo al mundo entero, con una liviandad de instrumentos que espanta: y sin hallarse menciones de castigos a los ejecutores de esto o a los que debían controlar los excesos. O bien, detener una «cadena de la felicidad» que involucraba a bancos casas de inversión, hipotecas sobre propiedades, bonos emitidos contra ellas. Nos hace recordar a este libro que anda dando vueltas, con éxito de ventas, titulado «Cómo hacerse rico» y donde uno de sus autores es el afamado Donald Trump: el que tiene un largo legajo de entramados y desaguisados. Pero que ahora es «profesor» para enseñar a la gente a hacerse millonaria. Es el mundo patas para arriba, donde los políticos han decidido -con dinero público- evitar la recesión, aunque alimenten la inflación, tapando todos los agujeros y como salvando a justos y pecadores. Así, es muy sencillo que esto aliente a más audaces y desvergonzados, como para armar otra casita de cristal: y cuando se haga pedazos, que los demás se las arreglen. Da pánico pensar en qué manos se hallan la economía y las finanzas mundiales. De verdad.
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