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27 de marzo 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

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No tanto mirar hacia afuera. El mercado bursátil nacional no es una isla, sólo dependiente de lo que le llegue como noticia exterior. Y bien convendrá girar la vista hacia adentro, porque a partir del martes se está engendrando no una crisis financiera, sino una social. A la que hubo que seguir con tanta tristeza como vergüenza, derivando en una profunda preocupación para cualquier ser racional. Mucho más para los que se mueven en la inversión, teniendo que repensar en qué tipo de terreno se puede estar poseyendo activos de riesgo. De las peores postales del pasado, fogoneando desde el poder central la funesta antinomia campo vs. ciudad; peor todavía: la lucha de clases.

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Una imagen recorriendo el mundo, mostrando las bellezas y oportunidades que ofrece la Argentina en varios de sus ratios económicos. Y los conflictos propios de cualquier republiqueta de cuarta. Increíble que esto se produzca en momentos en que el país bien puede demostrar que está mejor, que está bien. Lo que atemoriza si hay que imaginar que en otro punto del ciclo, que llegará, las fricciones estallen por razones de causales de escasez y cuando los espíritus estén mucho más inflamados. Si nuestro Merval se sigue pagando nada más que a lo que provenga del exterior, ignorando lo que vino sucediendo en estos días aquí, será también ocasión para ver que la tristeza y la vergüenza se apoderen del ámbito bursátil.

El martes se vio una clara muestra de que se han estructurado verdaderas milicias populares, dispuestas a todo y a apalear sin ningún tipo de control a manifestaciones opuestas al gobierno. Postales de Venezuela, también de Bolivia, un modo de dividir aguas definitivamente y poner a unos contra otros. La mejor forma de espantar interesados en venir a traer capital a estas tierras, seguramente con los brasileños restregándose las manos. Y siguiendo por televisión de qué modo los vecinos se cavan su propia decadencia.

La lamentable pasividad policial, dejando que los energúmenos -financiados por dinero público- arrollaran a gente común, convalidó que fueron enviados oficialmente a disolver toda posibilidad de disentir en nuestro país. La liviandad de apreciación pasará por determinar un deleznable quién ganó. Resolviendo las cuestiones a dirimir en función de quién puede poner más agresividad en el enfrentamiento. El recurso más primitivo que dejó al desnudo la realidad de una sociedad donde creció la soja y se disolvieron los principios, los límites, el orden institucional que amalgama a las personas. Si alguien nos diera la potestad de fijar el saldo de la rueda bursátil sin dudas que le pondríamos una baja fuerte, testimonial.

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