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9 de abril 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

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Retomamos lo de ayer, porque viene bien al inversor que recién se interna por el peligroso -pero siempre seductor-camino de los mercados, olvidar la posibilidad de «enamorarse» de algún personaje famoso, o de algún millonario que promete derramar sus secretos «para hacerse rico». No existen los infalibles, mucho menos los que se disfrazan de Highlander y hacen creer que son «inmortales». Y el hilván con lo de ayer, donde refrescamos los sucesos de 1998 y la tan polémica intervención de la Fed de Alan Greenspan, es lo apropiado.

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Porque en aquellos terribles días de setiembre, el Long Term Capital (nombrado por su sigla LTCM) explotó y creó una bomba financiera que también, se dijo, estuvo a punto de dinamitar a todo el mundo de las finanzas. Uno de los llamados «fondo cobertura», de impresonante presencia en los negocios, salió a pedir auxilio (como el Titanic entre los hielos).

Lo que se vivió, y no hace mucho, tuvo material suficiente para una regia novela/película, acerca de episodios reales que pueden superar la ficción. Largo de contar en detalles, el objetivo de hoy al respecto no pasa justamente por cómo se armó y se produjo el desastre, sino para fijar la vista en quiénes eran los integrantes, la cúpula del LTCM. Girando en torno de la figura de John Meriwether, considerado en el ambiente como un «top traider», el equipo se completaba con David Mullins (un vicepresidente de la Fed de antaño). Otro componente era Myron Sholes, un renombrado Nobel de Economía. Y para darle todo el realce posible: Robert Merton, también con la estatuilla de Nobel de Economía. En su caso, lo singular es que había forjado modelos tipo: «imposibles de fallar». En una palabra, había descubierto la llave maestra de los mercados. O eso parecía...  

Si hubieran sido jugadores de polo, seguro que la comunidad financiera les hubiera dado un «10» de handicap a cada uno. Bueno, amigo lector, resultó que el equipo imbatible y con fama de perfecto originó explosión y que debió empezar a desactivar la Fed, mediante esos recursos tan criticados a Greenspan. También en aquel entonces, apareció en escena Warren Buffett, tratando siempre de estar en el escenario. Junto a otros dos pesos pesados, enviaron una misiva al LTCM con una propuesta para su compra.

Y como en «La última cena», fueron 13 ejecutivos de los más grandes bancos los que se renieron en la Fed, para comprobar que todos estaban arriba de un barco que se hundía. Uno de ellos -como en las películas-reconoció: «Cuando entré a esa reunión, sentí el miedo en el aire». Unos 3.600 millones de dólares, aportados por 14 bancos, se esfumaban y la situación no mejoraba nada. Y allí estaba también el ahora fallido Bearn Stearns (era agente de compensación, seriamente dañado). Y punto. Lo demás, es historia larga. Pero nadie es imbatible.

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