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25 de junio 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

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Parece que ya estamos como mercado destinado a jugar «la promoción», evitando el descenso directo, pero decayendo en la categoría y pasando de situación de «emergente», a otra que se denomina «mercados fronterizos».

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Siguiendo la costumbre de nuestros gobernantes, el ambiente bursátil podría empezar por descalificar a los que califican y efectúan esa especie de «tabla de posiciones», de los mercados bursátiles del mundo. Argumento que podría encontrar un asidero en el desprestigio que se viene ganando -desde 2000 hacia aquí- toda la industria de la «calificación». Y que en estos precisos momentos continúa muy criticada y observada, por aquello que estalló en crisis en Estados Unidos y el modo de conducirse de estos vendedores de diagnósticos que -muchas veces- entran en negocios con los « pacientes», a los que deben calificar.

También, siguiendo la línea oficial, se podría uno sentir ofendido -como mercado- recusando al hacedor de tal juicio. Y alzando la voz, querer demostrar todo lo contrario. Que estamos entre los mejores, que somos sumamente confiables, que no merecemos tal tipo de agresiones, etc., etc... Y quedarnos tan tranquilos, con nuestro contragolpe. Pero, si nos preguntamos si tal calificación -descalificación ahora, sería mejor decir- que sitúa en categoría «fronteriza» (en caso de ser confirmada, lo que todavía no es letra definitiva) a nuestro mercado, tiene peso en la actitud del inversor internacional. La respuesta es: sí. Y si ésa es la respuesta, en caso de bajar de categoría sufriremos de aguda anemia de órdenes foráneas salvo las que sean de venta. Bien, o mal, el mundo funciona de tal manera y cuando -como a Brasil- a uno le dedican ser «grado de inversión», jugar en primera, la corriente de capitales fluye hacia tal lugar.  

Si nos preguntamos si el mercado argentino se merece semejante castigo y degradación -estar a la altura y jugando con los peores- la otra respuesta sería: ¡no!

Simplemente, porque nuestro mercado bursátil y sistema como tal -al vacío- ha resultado ser sumamente confiable y hasta en los peores momentos de una crisis. Fue el único sector que respondió sin fallas a los compromisos asumidos, cuando el resto -incluidos los bancos- caían en no poder sostener lo convenido. Y eso merecería una medalla, no una descalificación. Lamentablemente, el modo de conducirnos en lo que hace a decisiones tomadas como país, impacta sobre la indefensa epidermis de un mercado que se tiene que ceñir a reglas que no dicta. Sólo cumple. Seguro que todo el tema de los «bonos» nos puso una regia lápida. Más lo que vino sucediendo después, en todo orden. Siendo víctimas, y no causales, corremos igual el riesgo de que nos manden al descenso. Feo.

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