8 de agosto 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

«Los caminos fáciles son los malos y los difíciles son los buenos. El sufrimiento, el tropezar, la caída, son cosas que sirven de mucho. Quizás, con los caminos fáciles te das vuelta y no hay nada atrás...». Otro cupón bursátil que bien cuadra para incorporar a cualquier curso de enseñanza, para formar a inversores racionales. Si pregunta quién lo dijo, si proviene de Warren Buffett, o de algún millonario de los mercados, le decimos que no. Tampoco de alguno de los tantos «gurúes», que siempre dispersan sus fórmulas fáciles y pronostican qué sucederá con los mercados (para después encontrar alguna excusa que los justifique). La tan útil disquisición es de un golfista -Eduardo Romero-y que en vez de embriagarse con su triunfo valora el haber extraído lo mejor de las lecciones que brindan los malos momentos. Otra muestra de pensamientos que están muy lejos de lo bursátil y que encajan de modo exacto, para el inversor en general. Y más, para el que está en formación.

Contrapuestos a pensamientos que son llamativos por su mediocridad, como el de dejar todo en manos de la suerte y suponer -como muchos suponen, tontamente-que la inversión bursátil resulta como un simple juego de azar. Bueno, dirá alguno, si la señora Presidente acaba de explicar el distinto camino de la Argentina y Brasil por esa vía («No hemos tenido la suerte de Brasil...») también podría emplearse la misma conclusión, en la inversión exitosa o fallida. En tal ejemplo, pues lo mejor sería invitar a revisar si el inmenso abismo que ahora nos separa de Brasil no proviene de causales dignas de estudio, antes que de haber corrido suerte distinta.  

Para no sacar la frase de contexto, flotante, la señora Presidente después fue aclarando a qué consideraba una suerte distinta. Y al enumerar puntos diversos, referidos a encarar un desarrollo productivo, dejó las críticas para los que estuvieron antes: como si ahora su gobierno estuviera situado en la misma sintonía brasileña. (Hmmm... da la sensación que no).

Si se vuelve a lo dejado por Eduardo Romero, su aplicación sobre lo valioso del camino difícil, está justo para el momento que se vive en los mercados. De todo el durísimo ciclo que se soporta en todas partes, no hay que dejar que se destilen lágrimas, malhumor, insultos por la mala suerte, sino: aprendizaje. Que cuando la Bolsa sube y está en su fase virtuosa, cualquiera se puede sentir el rey del mercado, de los aciertos, de toda la sapiencia para tener éxito. Pero, las verdaderas lecciones útiles provienen de zonas como la presente, inclusive a través de la primera lección de oro: saber perder. (Que ganar, cualquiera sabe...).

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