... Y ya que están dándole a la «maquinita» de los verdes, bien podría Bush agregar un salvataje para nuestro ambiente bursátil. De todos modos, quien es capaz de decir doscientos mil millones de dólares sin que se le mueva una ceja, bien puede agregar unos veinte mil millones más. Total, no parecen llover más que elogios -con alguna crítica aislada- y no se ven muchas preguntas sobre qué sucederá con semejante sopa de dólares, que unido a lo gastado para Irak da una cuenta monstruosa.
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Medidas donde se tiran al diablo los libros de texto, se archivan las teorías y se termina operando... políticamente. Más o menos como cualquier hijo de vecino de los criticados «emergentes», a quienes se recomienda guardar compostura, cuidar el déficit, no emitir sin respaldo, hacer ajustes, que son políticas serias que los mentores no aplican en cuanto les cascotean el rancho.
Y de los ejecutivos de las entidades, también lo mismo que en países como el nuestro: simplemente se los desplaza por otros. En tanto, los contribuyentes se hacen cargo de la fiesta inmobiliaria, se hayan o no metido en esos créditos de fantasía, casi nadie se hace cargo de pagar la factura del desastre con su pellejo de ejecutivo negligente (y algo más).
Y en el puesto de tales ejecutivos parece ser que nombran a colegas de afamadas casas de inversión: zorros puestos a cuidar el gallinero. Que como tendrán canilla libre para gastar dinero público, acaso se reciban de héroes por haber sacado adelante la situación. Toda esta crisis -desde marzo de 2007 en superficie- ha mostrado al mundo la debilidad de controles y de disciplinas de quien debe ser el mayor ejemplo y el máximo responsable con sus políticas porque es el emisor de la divisa internacional. Dueños de una «maquinita» que se está utilizando alegremente, a la vista de todos. Y no parecen anuncios semejantes con algún grado de vergüenza o de preocupación, sino con la soberbia de que encontraron una solución -entre tantos genios de cartón- imprimiendo billetes. Haber sabido antes que la gran receta de todos los males es la misma que los argentinos sabemos de memoria. Inyectar todo el dinero necesario para tapar todos los compromisos.
Y mientras el mundo también parecía regocijarse con los anuncios de un rey que fracasó pero sigue siendo el rey, en nuestro mercado del lunes no nos dimos por enterados de la suba de 2,6% en el Dow Jones. Menos todavía se quisieron impregnar los vecinos brasileños, bajando 2,35 por ciento.
¿No será que la reserva de Occidente está radicada en el Mercosur? O como diría Almafuerte: «Detente lógica, no quieras que se vuelvan pesimistas los idiotas...».
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