Después de tantas vueltas, Henry Paulson se confesó ante el Senado norteamericano. «Si algo hemos aprendido este año, es que esta crisis financiera es imprevisible y difícil de contrarrestar...». Bueno, ahora nos quedamos más tranquilos, pensarán millones de ciudadanos que quizás suponían que los que están en el poder sabían qué hacer.
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Una especie moderna del: «Sólo sé que no sé nada». O aquello de la duda sistemática -el método de Descartes- desde dudando de todo, uno puede estar seguro de una cosa: que siempre duda.
¿Y qué habrán pensado en el Congreso, después de haberle aprobado billones de dólares a esta gente? Hacer, pedir, diseñar medidas, para que la autoridad máxima del supuesto salvataje termine confesando que lo único que aprendió, es que es una crisis «imprevisible». Y que se les hace muy difícil «contrarrestarla» (de esto nos dimos cuenta todos, sin que lo aclare). Y esto confirma, ya que hablamos del país rector -todavía- en el mundo, que hay una crisis mucho más espantosa que la del dinero, o la recesión. Es la crisis de brillantez en gobernantes y funcionarios, que parecen solamente preparados para utilizar los recursos públicos en época de bonanza. Como si estuvieran arriba de un bote, sin remos, dejándose llevar por la corriente favorable. En cuanto el bote enfila hacia la cascada, no hay ni remos, ni capacidad de pilotearlo. Y, para peor, ante la ansiosa expectativa que rodea a los mensajes, le demuestran a la gente que todo está en manos de Dios.
La expresión que comentamos fue título en todos los medios del mundo. Y al abrir el diario era para no creer, lo que había confesado el secretario del Tesoro: que vino manejando el paquete de rescate a voluntad.
Sigue insistiendo con lo de «crisis financiera», cuando la ola fue cubriendo toda la economía y hoy, los que tocan a la puerta, son sectores productivos que se ven con dificultades crecientes.
Cuando viene una mala época, un cimbronazo, lo menos que se pretende es que aporte alguna enseñanza. Y que quede en claro de qué modo se fue nutriendo un monstruo, sin que se le prestara la debida atención a tiempo. Ni siquiera eso dejará Paulson para la posteridad, solamente la sinceridad de presentarse como un mediocre que nunca supo advertir lo que se venía. Y que se la pasó solicitando enormes cantidades de dinero al Congreso, que fueron dispersados sin otra estrategia que la de ver qué pasaba, o si le acertaban por casualidad. Tantas cosas podía haber dicho, ilustrando con experiencias que dejó este proceso (al menos, para salvar las apariencias). Seguramente que no se sabe si viene una recesión sola, o se le pegará la inflación, para hacer un nudo mucho más complicado. Menudo asunto le queda a Obama.
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