H asta hace poco, terminal de ómnibus; antes de eso, institución benéfica de la comunidad armenia; originalmente, un hotel-de inmigrantes judíos. Dentro de dos años, parte de un complejo de departamentos en que el grupo BW invertirá unos u$s 16 millones. Dicho grupo, formado por los arquitectos Roberto Baylac y Ariel Wasserman, adquirió la media manzana que hace esquina en Arévalo y Nicaragua -Palermo Hollywood-a los bancos Provincia y Macro Bansud, que se lo habían quedado por la deuda acumulada e impaga de la empresa que explotaba la línea La Lujanera de ómnibus de media distancia. Los bancos salieron a buscar compradores y encontraron a BW, que ya llevan construidos alrededor de 25 complejos de oficinas y departamentos. El viejo edificio que conoció al menos tres usos diferentes a lo largo de su vida será reciclado y convertido en «lofts»; sobre el resto del terreno se levantará un proyecto que totalizará unas 170/180 unidades habitacionales, con servicios, espacios verdes y un centro comercial al frente.
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El edificio había sido declarado «protegido» por el Gobierno porteño en función de su valor histórico, que ya dio su aprobación para el reciclado y su conversión para el nuevo uso que le darán los inversores. Como es de hábito en estos casos, los constructores prefieren no revelar la identidad de los inversores que los acompañan en este proyecto. «Son gente del país», dice Baylac. En paralelo, el grupo adquirió un terreno de cinco hectáreas a unos 12 kilómetros de El Calafate con la idea de erigir allí un hotel cinco estrellas, y comenzarán la construcción de un edificio de diez pisos en la esquina de Marcelo T. de Alvear y Rodríguez Peña, en el que invertirán u$s 4 millones. Según Wasserman, «creemos que hoy la inversión inmobiliaria ha vuelto a ser muy atractiva, con márgenes de rentabilidad muy interesantes: un metro cuadrado en ubicación y construcción 'premium' está vendiéndose hasta en u$s 2.000, y los costos siguen estando en pesos».
Por eso, agrega, «no entiendo por qué los bancos siguen mostrándose reacios a financiar obras: para la de Rodríguez Peña pedimos u$s 1 millón de los cuatro que va a costar, y nos solicitaron tasas imposibles».
Las obras, dicen ambos, comenzarán en cuatro meses una vez que el Gobierno porteño apruebe los planos finales; la construcción demandará dos años. Explican que «como el terreno tiene más de 2.500 m², se puede pedir lo que se llama 'norma propia' para él, que permitiría en nuestro caso redistribuir los metros que pueden hacerse». La idea es darles altura a las torres para agrandar los espacios libres (verde, piscina, etc.). Wasserman dice que la obra «generará unos 400 empleos directos, más otros 1.200 indirectos», y confían en que el complejo será un «polo de desarrollo» para esa parte del barrio, hoy poco explotada. « Pensamos que Belgrano, Palermo y Barrio Norte ya están saturados; casi no quedan terrenos de buena calidad que permitan construir con servicios», afirma Baylac.
En lo que hace al otro mercado que explotan, el de las oficinas, Wasserman admite que «si hoy empezáramos un edificio, lo venderíamos todo, porque lo haríamos apuntando a hacer espacios chicos y no grandes plantas.
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