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25 de septiembre 2008 - 00:00

Decisión osada para evitar el naufragio

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Con su discurso de campaña, sus propuestas económicas y su propia imagen de presidenciable consumiéndose en las llamas de la crisis financiera, llegó para John McCain la hora de las iniciativas audaces. Su decisión de ayer de suspender su campaña electoral debe ubicarse en ese marco, determinado por una creciente percepción de que la coyuntura juega aceleradamente a favor del demócrata Barack Obama, que en lo que va de la semana amplió espectacularmente su ventaja en las encuestas de 5 a 9 puntos. Otros sondeos dan al demócrata ventajas menores, pero todos los estudios coinciden en resaltar su remontada reciente.

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El hábil pero riesgoso paso del republicano, un viejo zorro de la política que pasó sus últimos 26 años en el Senado, apuntó en varias direcciones.

En primer lugar, buscó llamar la atención con un hecho drástico, capaz de colocarlo en el centro de los comentarios y de sorprender no sólo a los votantes, sino a su rival. Algo que parece haber logrado con creces, si uno se atiene a los comentarios de la prensa estadounidense de ayer y a los dichos del propio Obama, quien admitió no haber tomado en serio el anticipo del anuncio que le había hecho por teléfono el propio Mc-Cain. Así, el demócrata se vio obligado a enfrentar a la prensa para explicar su decisión de continuar con su campaña, argumentando que ello no va en desmedro de su patriotismo ni de su conciencia sobre la gravedad de la crisis. Algo que sonó lógico, aunque algo forzado por los acontecimientos impuestos por su rival.

  • Interés

  • En segundo lugar, McCain intentó mostrarsecomo un hombre de Estado, capaz de re signar sus aspiraciones personales en pos del interés del país. Incluso -toda una exageraciónevocó el 11-S para justificar, como se hizo entonces, el congelamiento de las actividades políticas. Una actitud que ya había tomado a principios de mes en ocasión de la Convención republicana de Saint Paul, cuya agenda inicial suspendió debido al temor que generaba la llegada del huracán Gustav.

    Claro que el argumento es capcioso, porque es evidente que, como un boxeador que presiente una paliza, lo que hizo fue frenar el fragor del combate aferrándose momentáneamente a su rival y dejando que corran los segundos hasta la campana salvadora. ¿Pero ésta llegará?

    Por otro lado, el senador por Arizona salió a ponerse en el centro de la crisis, tratando de hacer ganancias donde por el momento sólo encuentra pérdidas. Volver a sus tareas como legislador le permitiría, contando con la complicidad de su bancada, exhibirse como el gran articulador de un acuerdo bipartidario que permita sacar la ley de salvataje pergeñada por Henry Paulson del atolladero del Congreso. Y, con ello, salvar al sistema financiero y a los estadounidenses que temen ver la bandera de remate flameando en el frente de sus viviendas.

    Pero esto tiene riesgos. Uno, menos probable, es que el acuerdo finalmente no se produzca. Otro, que aun logrando patrocinar el mejor pacto posible, McCain no podría eludir varias cuestiones. Como el costo para los contribuyentes seguiría siendo fabuloso, quedaría como candidato en zona de peligro. Además, quedaría flotando la pregunta de por qué, siendo legislador por el oficialismo, no propuso a tiempo poner fin al festín que se hicieron -para peor, ahora con sospechas de fraude-no pocos ejecutivos de Wall Street. Y, en esa línea, por qué no actuó para controlar la burbuja hipotecaria antes de que ésta estallara. Por fin, por qué no marcó antes distancias más nítidas con respecto a la administración de George W. Bush. Preguntas que Obama, más cómodo, no debería responder.

    McCain anunció que no concurrirá el viernes a la noche al primero de tres debates televisivos en Mississippi, que debería tratar sobre la política internacional, pero que, previsiblemente, resultará contaminado por la crisis. Obama dijo que sí concurrirá, y los organizadores, por ahora, ratificaron su realización. Estados Unidos tiene una larga tradición de debates y un caso de «silla vacía» tendría, al contrario de lo que suele suceder en la Argentina, consecuencias serias para el ausente. ¿Insistirá Obama en acorralar a su rival presentándose en soledad? ¿Podrá McCain darse semejante lujo?

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