Por Eduardo Luis Curia.- La problemática económica argentina puede presentarse a través de varios niveles, los que, a la postre, se interconectan. Un nivel de alcance inmediato, tiene que ver con el ciclo corto referido al año en curso. Frente a un 2012, muy flojo, las perspectivas iniciales para el 2013 marcaban un tono positivo. Determinados factores como la posible recuperación de la economía brasileña y una mejor cosecha gruesa por la mezcla de efectos de cantidad y precio, tendían a deparar un marco de base más propicio. Con una serie de variables desempeñándose en hipótesis consecuentemente, el ciclo anual lucía más favorable que el de 2012. En los primeros meses del año, atisba una cierta mejoría, pero pinta despareja, con sectores aun flojos, quedando todavía abierta la cuestión de la consolidación del ciclo corto anual. Estos meses en los que entramos, son decisivos al respecto.
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Otro nivel a considerar, más profundo, remite a las opciones modélicas; es decir, a las conformaciones estratégicas más de fondo capaces de guiar la política económica. Finalmente, las instancias de carácter cíclico concluyen siendo incididas poderosamente por las opciones en cuestión. En este orden, diría que en la Argentina, en algo más de diez años, "nos hemos deglutido" tres opciones básicas, levantándose hoy ante nosotros el interrogante acerca del derrotero futuro.
La primera opción caída, o más bien colapsada, fue la convertibilidad noventista. Con su visión del eje dinámico en el ingreso sistemático de capitales externos, con su obligado correlato del hipodólar real. "Financiamos" la demanda interna a través de ese ingreso, promoviendo el auge importador, la desarticulación productiva con su impacto especial en la industria, y depredando el mercado de trabajo. Se la mantuvo tercamente, y, en cuanto a su cierre, cayó por propio imperio, "derrumbándose objetivamente".
Su reemplazo fue el modelo competitivo productivo, el cual significó un giro copernicano de la matriz macroeconómica. Advino el "dólar alto" presuntamente a sostener en el tiempo, los llamados superávit gemelos, la notable acumulación de reservas, la política monetaria de esterilización, y se dio una inflación algo más alta que la de los 90, pero, tolerable. Se buscó "reintegrar" el espectro productivo, y la industria creció entre 2003-7 en alrededor de un 11% anual. No obstante, con el correr del tiempo, se fue perdiendo consistencia en la administración de los distintos pilares del regimen: vgr, la política fiscal, la de ingresos, la cambiaria. El modelo no colapsó, sino que "se desvaneció".
El tercer modelo es el que se centra casi unilateralmente en la atención de la demanda interna. Neteado de la crisis mundial de 2008-9, su despliegue se verifica en el bienio 2010-11. La economía retoma un ritmo brioso de avance, más o menos hasta mediados de 2011. Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido durante el modelo competitivo productivo, se rompe la "divina coincidencia"; o sea: la expansión económica ya no se asocia con superávit externos robustos y con una dinámica de divisas muy favorable. Con lo cual, se pierde una razón esencial de sustentabilidad. La inflación efectiva precios-costos se hizo pronunciada, hubo expansividad fiscal aun en el ciclo expansivo, la puja distributiva lució desencuadrada y se tomó al tipo de cambio como ancla de inflación, en lugar de jugar como locomotora productiva, al revés de lo ocurrido durante la primera parte larga de la década pasada. Así, el tipo de cambio real fue agudizando su retraso.
La insustentabilidad recién mencionada era bien detectable en el análisis a inicios de señalado bienio. Pero, eclosionó a nivel público a finales de 2011, luego de atisbos previos. Con el núcleo duro de la cuestión radicado en el retraso cambiario y en la visible pérdida consecuente de competitividad, el racionamiento amplio de divisas en las distintas cuentas del frente externo, el desdoblamiento cambiario de facto con el blue y el alargue de la brecha entre mercados, incluida la tendencia básica de disminución de reservas, son elementos, todos, de un "mismo paquete". La dinámica de dólares se vio resentida, y no extraña que en un tal contexto, se interprete a la soja (más las extractivas y alguna cosa más) detentando, prima facie, un rol de salvador (en materia de dólares).
Pero, ahora, y sin que quepa aquí entrar en demasiados detalles, la posibilidad de acicatear con fuerza la demanda interna en medio del perfil del frente externo que se aludió, con presión de costos, molestias en la oferta provocadas por el propio racionamiento de divisas, serio retraso del tipo de cambio y expectativas preocupadas en el ámbito inversor, se torna, objetivamente, cuesta arriba. Y, como derivación, la misma consolidación del ciclo corto anual está en espera.
No obstante, más allá de este último tema, desde ya no subestimable, la cuestión principal pasa por la evidente fatiga del tercer modelo y por las inquietudes que se suscitan de cara al futuro.
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