23 de julio 2004 - 00:00

Demoran traspaso del Banco Suquía

La reprivatización de Banco Suquía se encontraría demorada por un inconveniente impositivo. De acuerdo con un informe elaborado por la AFIP, para traspasar la institución, sería necesario pagar una suma superior a los $ 120 millones en concepto de Impuesto a las Ganancias.

La entidad fue preadjudicada a Banco Macro Bansud en mayo. Pero ya pasaron más de dos meses, y el Suquía continúa bajo el control del Nación. El inconveniente surgió porque la entidad se encuentra dentro de un fideicomiso controlado por el banco estatal, que se conformó cuando el Crédit Agricole (su anterior controlante) decidió abandonar la Argentina.

El reclamo impositivo es que, al tratarse de una venta en cabeza de un fideicomiso, la operación debe tributar Impuesto a las Ganancias. La suma debería ser pagada por el Nación, que obviamente se niega.

La única manera de solucionar el problema sería a través de una resolución del Ministerio de Economía. Esta dispondría que los fideicomisos que tengan a bancos como activos queden exceptuados de las reglas generales. Por lo tanto, podría aplicarse el artículo 35 bis de la Ley de Entidades Financieras,
que entre otras cuestiones dispone el mecanismo de traspaso de activos y pasivos dentro del sistema bancario.

Esta es la principal salida que hasta ahora encontraron entre el Ministerio de Economía y el Banco Central para continuar con la operación. El Macro Bansud se preadjudicó el Suquía al comprometer un aporte de u$s 288 millones, mientras que solicitó aportes de u$s 210 millones por parte de SEDESA (Seguro de Depósitos SA).

La culminación exitosa de este proceso dará lugar a las ventas de los otros dos bancos que pasaron a mediados de 2002 a manos del Nación, es decir, el Bisel y el Bersa.
Ambas operaciones vienen bastante más complicadas por la falta de interesados. Las autoridades económicas, de todas formas, descartan la posibilidad de desguaces.

Estos contratiempos generaron críticas a Lavagna, quien fue el que propuso el esquema de fideicomisos para manejar a los tres bancos. Sin embargo, fue el único elemento que se encontró para que las entidades quedaran bajo el control del Nación, pero sin fusionar su estructura a la institución oficial y seguir funcionando como unidades independientes.

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