DEVALUAR SIN DEVALUAR
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P.: ¿En qué consiste la iniciativa?
E.M.: En reemplazar el IVA por un impuesto al consumo (tipo EE.UU.) que, por definición, excluye a las materias primas, los insumos y los bienes de capital. La tasa prevista es de 13% sobre el precio del bien de consumo (se estima una evasión de 20%). El efecto estimado por Llach es una devaluación del orden de 8 a 10%.
P.: ¿Cómo es eso de devaluar entre 8 y 10%?
E.M:. En cuanto al efecto sobre los precios relativos del reemplazo del IVA por un impuesto a las ventas internas de bienes de consumo es comparable al de una devaluación, con un par de salvedades cruciales. Por ejemplo, no habría una presión alcista sobre los costos de producción de bienes no comerciables, porque la reducción de los costos financieros y de los precios de ciertos insumos compensaría cualquier efecto inflacionario de aquellos otros insumos (los exportables) cuyo precio relativo mejorará.
P.: ¿Pero qué pasaría con las finanzas públicas?
E.M.: Lejos de tener los efectos catastróficos sobre las finanzas públicas y privadas que sí tendría el abandono de la convertibilidad, lo más probable es que con el reemplazo del IVA ocurriría exactamente lo opuesto. Para entenderlo, es bueno pensar los efectos de la reforma sobre la inversión. Estos no se agotan en el aumento de la inversión en sectores exportables y sustitutivos de importaciones por la mayor rentabilidad.


