Día del Padre: caen ventas 40%, pero los outlets sufren menos
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En cambio Rubén Baccá, gerente de marketing Alto Palermo SA (dueña de varios de los centros comerciales del país como Alto Palermo, Patio Bullrich, Paseo Alcorta, BA Design, Alto Avellaneda y Abasto, entre otros), dijo a este diario que «las ventas de la última semana subieron considerablemente respecto de cómo venía el mes y también en relación con la misma fecha del año pasado». En directa contradicción con los datos de CAME, el ejecutivo afirma que «estamos 30% arriba del Día del Padre de 2001 en Alto Palermo, 15% en Abasto, 23% en Patio Bullrich y 23% en Paseo Alcorta».
El dato tiene dos «puntas» para considerar: por una parte, la venta neta refleja de algún modo los fuertes aumentos de precios que se produjeron desde el año pasado; la otra es que el efecto turista, si bien no alcanza de ninguna manera para compensar la pérdida de poder adquisitivo de la población argentina, ayuda a algunos comercios a mantenerse a flote.
De todos modos, las cifras habría que tomarlas con pinzas: es un hecho que el nuevo fenómeno comercial nacido al calor de la crisis, los «outlets», concentraron buena parte del consumo habitual para estas fechas. «Si bien no es posible comparar con el año pasado, porque no estábamos en el mercado, tuvimos una suba de 100% en Pilar y de 20% en la Rural respecto de semanas anteriores», dijo a este diario Pablo Pini, CEO de LPC, operadora de esos dos outlets. «Lo que más se vendió, obviamente, fue indumentaria y artículos de deporte».
• Imaginación
En el mismo sentido Alejandro Ginevra, del outlet ubicado en el extremo sur del Dique Uno en Puerto Madero, aseguró que «tuvimos miles de personas: la crisis obliga a imaginar negocios que antes no existían». Ginevra y su familia manejan desde hace años la inmobiliaria Aranalfe, una de las principales comercializadoras de shopping centers del mercado local. Pero ahora abrieron su propio negocio y convirtieron la planta baja de un edificio de oficinas (que construyeron y vendieron) para ofrecer saldos de fábrica.
«Uno de mis inquilinos me dijo que en su local en un shopping de la zona oeste vendió un promedio de $ 300 diarios: acá decuplicó esa cifra», se ufana. El outlet de Puerto Madero fue elegido por la chilena Falabella, por caso, para tratar de desprenderse de los voluminosos stocks que le quedaron en sus locales del interior (Mendoza, Rosario, Córdoba, San Juan), plazas en las que el poder adquisitivo del público está más deteriorado que en Capital y Gran Buenos Aires.
«Además, gran parte de las ventas acá se hacen al contado porque los comercios no aceptan las tarjetas: el argumento es que los márgenes son demasiado reducidos como para poder darse ese 'lujo'... Y la gente paga cash...», confiesa Ginevra.
Del otro lado, una alta fuente de una cadena de shopping centers, negó de plano esos guarismos: «Puede ser que se haga una diferencia grande en un día o dos, pero hay que ver los números a lo largo del tiempo. Además, los propios dueños de los outlets se jactan de que el comerciante está allí por uno tiempo limitado, mientras le sea útil o tenga stocks de saldos. Pero después tienen que seguir vendiendo, y lo hacen en comercios a la calle o en shopping centers». El ejecutivo, que eligió no revelar su identidad, fue más allá: «Son golondrinas que hoy están y mañana no; en cambio, nosotros estamos para quedarnos, y el comerciante de verdad lo sabe».
Está claro entonces que la pelea hoy no sólo es por ganar los pocos clientes que van quedando con poder adquisitivo, sino también para conquistar a los (también pocos) proveedores que cuentan con mercadería para vender.
Pero todos deben vérselas con la profusión incontrolable de puestos callejeros y de comerciantes «irregulares» que ofrecen mercadería falsificada prácticamente en cada calle con movimiento de público en la Capital y el GBA. Según el comunicado de ayer de la CAME, «la oferta callejera compitió en forma agresiva con el comercio tradicional, situación que volvió a afectar sensiblemente a los negocios».
La afirmación se refiere puntualmente a la venta de compact disc e indumentaria, en los que se vende «ropa 'de marca' y de dudoso origen». Y termina admitiendo que en este último rubro «quedó evidenciada una mayor inclinación hacia los locales outlet».
Este Día del Padre, entonces, parecería haber puesto en evidencia -por si hacía falta- que el comercio, tal como se lo conoció hasta ahora, estaría en vías de extinción. Es que cada vez más los fabricantes están prescindiendo de este canal para vender sus productos, y se inclinan por métodos «no tradicionales».
Explica Pini: «El comerciante hoy no puede pagar ni el alquiler del local ni la mercadería que compra.Al fabricante, digamos, de camisas o medias sólo le queda venderles a las grandes cadenas, que le pagan poco, mal y tarde y se va comiendo el capital de trabajo que por las condiciones actuales del sistema financiero no puede reponer. ¿Qué le queda? Hacerse de efectivo vendiéndole directamente al público...».
Y si bien los outlets son hoy apenas una fracción de punto decimal en el total de ventas minoristas en la Argentina, de consolidarse esta tendencia -los fabricantes ya no destinan sólo los «clavos» y los saldos, sino que fabrican especialmente para los outlets- todo el sector minorista podría atravesar profundas modificaciones.



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