Diálogos de Wall Street
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PERIODISTA: Transcurrieron dos semanas desde que la Fed sorprendiera a todos con un recorte de tasas de interés de medio punto y el NASDAQ no termina de aprobar el examen. Su recuperación duró un suspiro.
Gordon Gekko: Llevará tiempo, por lo visto. Las palabras de Greenspan en diciembre no surtieron efecto. La debacle del NASDAQ lo obligó a dar un paso concreto en enero. Medio punto no es cambio chico.
P.: Pero parece que no alcanza.
G.G.: La Fed insistirá. Sabemos que tiene munición suficiente -fed funds en 6%- y desde la semana anterior también sabemos que tiene la decisión tomada, que hay consenso para un camino rápido.
P.: Prevalece, sin embargo, el torrente de warnings, de advertencias referidas a malos resultados, sobre la promesa de tasas de interés más bajas.
G.G.: Manda la tendencia de arrastre que trae el mercado. La inercia. ¿No sucedió lo mismo acaso cuando la Fed se dispuso a subir las tasas a media-dos de 1999? Recién en marzo el mensaje le llegó al NASDAQ... La situación cambió de manera radical pero el método no deja de ser el mismo.
P.: El temor a una recesión echó raíces.
G.G.: No lo discuto. Los estandartes de la expansión se están replegando. La Bolsa, el consumo, la inversión. Por primera vez, todos retroceden al mismo tiempo. No deja de ser curioso, empero, que la recesión sea la razón que se esgrime para destrozar las acciones tecnológicas y que, a la par, el Standard and Poor's 500 o el Dow Jones naveguen indemnes frente a la misma amenaza. No parece consistente.
P.: Probablemente no lo sea.A comienzos de 2000 los únicos sectores reputados como inmunes a una recesión eran los vinculados con la tecnología.
G.G.: Recordará que la vieja economía estaba condenada a desaparecer, el lema era inclinarse por las apuestas puras («pure plays») de la nueva economía. Es una paradoja que para muchas de ellas haya llegado antes la quiebra -el llamado capítulo once-que la mera adolescencia. Esa hipótesis probó ser totalmente errada. Pero la posición opuesta no tiene por qué ser valedera. Pensar que si llega una recesión el S&P 500, depurado de tecnología, la va a atravesar sin mella tampoco tiene mucho sentido.
P.: Quizá los temores sobre bancos de días pasados hayan sido un buen recordatorio de que los dolores de cabeza se pueden extender.
G.G.: Si hubo excesos, una burbuja, no fue sólo en tecnología, como se pretende caprichosamente delimitar. Es muy natural que una expansión tan exuberante, tras desplegarse a lo largo de diez años, haya generado en varios segmentos desequilibrios también de envergadura. Si se recorta el gasto debido a una retracción económica, si se reduce el déficit de la cuenta corriente, no va a pensar usted que todo el efecto va a recaer en el gasto asociado a tecnología.
P.: No sólo el NASDAQ va a caer en la picota.
G.G.: ¿Es coherente una suba de 24% en el año en el componente financiero del S&P 500 con el temor con que se habla de recesión? De repente el cuestionamiento sobre la salud del sistema bancario pone el acento en otros temas complicados que van más allá de los obvios excesos del NASDAQ. Siempre hay necesidad de un chivo expiatorio. Antes fue Rusia o Tailandia, ahora es el NASDAQ.
P.: Es verdad. Se exagera con el desborde en las tecnológicas...
G.G.: Es como una esponja que absorbe todos los problemas y otorga una falsa sensación de seguridad en otros terrenos. La burbuja inmobiliaria en Tailandia se asociaba a la prevalencia de un capitalismo prebendario. Esa era la cruz de Asia. Estados Unidos era diferente. Nada hay más democrático que invertir online por Internet. Cualquier hijo del vecino lo hace en los EE.UU. Ello no impidió empero que se incubara una burbuja aún mayor. Si, después de todo, la crisis del '29 se gestó en un capitalismo en estado químicamente puro. Y en tamaño no tuvo parangón. Los males que se le achacaban al NASDAQ -las valuaciones exorbitantes-también estaban presentes en el Dow Jones y en el SP 500 sólo que en forma mucho más mensurada. Pero ahora el NASDAQ vale la mitad, mientras los otros índices han descendido apenas 10%. La línea divisoria cada vez tiene menos sentido.
P.: Se especulaba con que la baja de tasas de la Fed estaba gatillada por problemas puntuales en una institución financiera.
G.G.: El síndrome Long Term Capital.
P.: ¿Qué hay de cierto?
P.: Los icebergs nunca se ven venir.
G.G.: El golpe avisa. Y el hundimiento es rápido. A esta altura tendríamos evidencias.
P.: Las compañías de gas de California -atrapadas entre el precio fijo de sus servicios y el costo de la energía que compran multiplicándose por cuatro-no son el equivalente del Long Term Capital. No pueden acaso empujar a los bancos que les prestan a una situación delicada...
G.G.: Alan Greenspan se reunió con el gobernador de California semanas atrás. Es un tema, se ve, que figura en el radar. Pero la magnitud del compromiso del sistema financiero con estas compañías no guarda parangón con la bomba que era Long Term Capital. Las firmas consiguieron un aumento de tarifas aunque insuficiente y también hay una iniciativa para colocar bonos del Estado a cambio del tras-paso de activos. Hay una solución política en marcha, el gobernador anunció un plan de crisis. Lo que dará un respiro. Con todo, la baja de calificación de sus deudas obligará a incrementar provisiones y morderá de las ganancias bancarias. Es una mancha más para el tigre.



