Diálogos de Wall Street
(El periodista dialoga con un destacado analista de un banco estadounidense -personificado en Gordon Gekko, el protagonista de la película "Wall Street"- sobre la recuperación que mostrará la economía de los Estados Unidos en el segundo semestre. Hay datos muy interesantes. Veamos.)
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Gordon Gekko: Es que no la hubo. Por lo menos desde 1982.
P.: Greenspan está en funciones en la Reserva Federal desde fines de los ochenta.
G.G.: Desde 1987.
P.: La magnitud del recorte de tasas supera todo lo que hizo en anteriores ocasiones.
P.: Después de la crisis de Rusia en 1998, también la respuesta bajista fue muy acotada.
G.G.: Correcto. Una vez más apeló a las tres inyecciones de un cuarto de punto. Sólo a comienzos de los '90 se produjo una reducción más pronunciada pero se administró a lo largo de más de tres años. Y en el medio se desató la última recesión que experimentó Estados Unidos.
P.: La reacción de la Fed, a todas luces, ha sido excepcional.
G.G.: No hay dudas.
P.: Tamaña decisión guardará relación con la magnitud del daño que enfrenta. O, ¿por qué apartarse de una manera tan vehemente de la receta que funcionó razonablemente en el pasado?
G.G.: Una burbuja como la del NASDAQ que se fabrica todos los días. Y cuando estalla es muy difícil poder calibrar su impacto. Lo más parecido -y cercano en el tiempo-, la burbuja de Japón en los '80, no es un antecedente promisorio. Creo que esa amenaza resultó decisiva.
P.: La Fed, sin embargo, no pudo evitar que el NASDAQ perdiera 60% del valor que alcanzó en la cumbre.
G.G.: La Fed tuvo éxito en estabilizar las condiciones financieras dentro de los Estados Unidos. En un sentido amplio. A pesar de que el NASDAQ no haya podido recuperarse de su quebranto. La Bolsa, en su conjunto, exhibía a comienzos de 2000 su más alta cotización histórica y, usando una colección diversa de parámetros como referencia, la mayor «sobrevaluación» desde que se guardan registros.
P.: ¿Mayor que en 1929?
P.: Tanto esfuerzo, en última instancia, obedece a la intención de librar a la economía norteamericana de caer en una recesión.
G.G.: Y en ese terreno la Fed, hasta el presente, también ha tenido éxito. Y le recuerdo que no había mucha gente que diera un centavo por la economía de los EE.UU. a comienzos de enero, cuando la Fed comenzó su tarea.
P.: Después de cinco bajas de medio punto, la sexta movida marcó un cambio. Sólo una quita de un cuarto de punto. ¿Está la Fed preparando el terreno para retirarse?
G.G.: Haga memoria. Mi impresión -a tasas un punto y cuarto más altas que las actuales-era que la Fed debía correrse a un lado. Ya hace tiempo que las condiciones para tomar esa decisión están maduras. Sobre todo porque -como ocurrió a comienzos de los '90- estamos ante un largo proceso de prueba y error y conviene administrar con tacto la munición.
P.: Pareciera que esa opinión comienza a regir también en la Fed.
G.G.: Es así. Y tenemos evidencia. Ya en mayo, uno de los diez miembros del comité de mercado abierto de la Fed -Thomas Hoenig-votó en disidencia ante la baja de medio punto. Por primera vez en el año se quebró la unanimidad.
P.: Disculpe la pregunta pero, ¿cómo lo sabe?
G.G.: Se publicaron las minutas de la reunión del 15 de mayo, la semana pasada. La votación arrojó un balance 9 a 1 a favor del retoque de medio punto. Hoenig prefería una baja, sí, pero de sólo un cuarto.
P.: ¿Se conocen los motivos?
G.G.: La razón para ser menos agresivo está basada en la gran agresividad ya acumulada. En las palabras de Hoenig: por la «significativa liquidez» que la Fed había proporcionado.
P.: O sea, ¿observa un riesgo de inflación en alza?
G.G.: Un riesgo potencial. No desmesurado o pienso que no sugeriría tampoco una baja de cuarto de punto.
P.: ¿Cree que en la última reunión esa posición solitaria ha ganado adeptos?
G.G.: No tengo dudas. Después de todo, ya conocemos el resultado. En mayo, dos miembros de la Fed -de los que gozan de poder de voto-habían sugerido que en principio se inclinaban también por un movimiento de un cuarto de punto pero, a diferencia de Hoenig, no tenían inconvenientes en aceptar la postura mayoritaria. Es lógico que esos dos integrantes -cuyos nombres no se difundieron pero que si me deja apostar yo diría fueron Poole y Meyer-se hayan acoplado ahora a la tesitura de Hoenig.
P.: ¿Piensa que estamos ante la última baja de tasas?
G.G.: Creo que no. A menos que se produzca una baja vertical del petróleo. Pero es evidente que, de ahora en adelante, la Fed administrará su medicina con la nueva dosis de un cuarto de punto.
P.: ¿Cuándo? ¿Esperará hasta la próxima reunión?
G.G.: El tiempo de espera entre reunión y reunión, esta vez, es más prolongado que lo habitual. No hay «fumata» hasta el 21 de agosto.
P.: ¿Habrá una baja entre reuniones?
G.G.: Esa especulación se mantendrá en pie. Pienso que la Fed querrá llegar a agosto.
P.: ¿Cómo ve la economía norteamericana? ¿Se hunde de nuevo o se mantiene?
G.G.: Repuntando. La medicina que la Fed proveyó con cuchara sopera en la primera mitad del año se sentirá con fuerza en la segunda. Y no se olvide de los cheques de devolución de impuestos que dentro de poco el gobierno mandará por correo. Mi línea de pensamiento se mantiene primero: recogeremos el efecto favorable de ambas fuentes de estímulo, la política fiscal y monetaria; sólo después tendremos problemas de nuevo.




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