Diálogos en Wall Street
(El experto en mercados internacionales, encubierto en el personaje de Gordon Gekko de la película «Wall Street», dialoga con el periodista sobre la recuperación de la economía americana.)
-
Remeras a un centavo de dólar: el festival de subfacturación de importaciones alcanza al 76% de los textiles
-
Castiglioni: "Para reducir la pobreza fue clave la baja de la inflación y la suba de los salarios informales"
Gordon Gekko: Nada que haya ocurrido en los '90. No digo el PBI, pero si la producción de zapallitos hubiese trepado 5,8% usted armaba un rally infernal en los buenos tiempos. Con mucho menos se creó la burbuja de Internet. Pero ahora el inversor norteamericano carece de convicciones. Después de dos años de sequía, desconfía hasta de su sombra. Es cierto que los datos de desempleo no fueron buenos (ver nota aparte), pero no es el responsable de la caída.
P.: Se suele afirmar que hay que ver para creer. Sin embargo, los números están sobre la mesa. Son contundentes. La economía dejó atrás la recesión en algún momento durante el primer trimestre del año. ¿O me equivoco?
G.G.: Sólo falta el anuncio oficial. No creo que se equivoque. Si no fue en febrero, habrá sido en marzo.
P.: Quizá la suba de 5,8% del PBI no refleje bien el aumento en la demanda final. ¿Es ésa la razón detrás de un recibimiento tan frío?
G.G.: De los 5,8 puntos de avance, 3,1 puntos obedecen a un ritmo menor de reducción de inventarios. La demanda final aportó el remanente: una suba de 2,6%. Es un registro menos espectacular pero que no está nada mal.
P.: Aunque denota un ascenso más suave que el observado en el cuarto trimestre del año pasado...
G.G.: Es cierto. Pero la diferencia es atribuible -casi en su totalidad- al comportamiento del sector externo. La demanda doméstica final no ha variado mucho. Se mantiene en un escalón elevado: pasó de crecer 3,9% a 3,7%. El consumo escaló 3,5%, se recuperó con fuerza -15,7%- la inversión residencial (aunque los demás componentes de ésta siguen en descenso) y el gasto del gobierno aumentó 7,9%.
P.: Son cifras envidiables para una economía que sale de una recesión.
G.G.: No lo discuto.
P.: Sin embargo, la Bolsa no compra el producto. La Bolsa siempre anticipa.Y en vez de liberarse, de quitarse un peso de encima, vacila.
P.: Los niveles que alcanzó inmediatamente después de los atentados del 11 de setiembre...
G.G.: Así es. Todavía resta un tramo de baja. Pero es el próximo soporte que se vislumbra para el NASDAQ.
P.: El 11 de setiembre se pensaba en una recesión terrible, que nunca sucedió.
G.G.: Es una paradoja muy interesante.
P.: También el Dow ha quebrado el umbral de los 10.000 puntos que le servía de apoyo. ¿No es llamativo?
P.: Eso pensaba. Aunque no podría probarlo.
G.G.: Desde 1900 no hay un período de tres meses luego del final de una recesión en el que la Bolsa no haya subido. Si para usted la recesión terminó en enero, entonces se ha quebrado la vieja relación. Si piensa que la recesión expiró en febrero o en marzo, todavía hay tiempo para ajustarse al patrón usual. Pero desde ya hará falta una violenta recuperación de la Bolsa para ponerse a la altura de la historia.
P.: No es falta de liquidez lo que explica la reticencia de la Bolsa.
G.G.: Hay más de dos billones -dos millones de millones- de dólares estacionados en fondos comunes del mercado monetario. Sujetos a un rendimiento que no supera la tasa de Fed Funds. O sea, en torno a 1,5% anual. Bastaría con que 10% o 15% de esos recursos se derramara a la Bolsa para causar un huracán alcista.
P.: ¿Es el temor a que Alan Greenspan estropee la fiesta?
G.G.: No parece. Aunque la Fed dejó conocer sus intenciones de subir las tasas para evaluar la calidad del terreno que iba a pisar.
P.: En estas condiciones, no se me ocurre que a la Fed la persiga alguna prisa... G.G.: No por cierto.
P.: ¿Será que el problema no es con la economía, sino con los balances de las empresas?
G.G.: Le diré lo que pienso. En los '90 tuvimos una economía excepcional, con un crecimiento que uno creía que no se iba a poder alcanzar sin encender la mecha de la inflación. Con todo lo extraordinario que fue el avance de la economía, las ganancias de las compañías subieron más.
P.: A un ritmo de dos dígitos por año.
G.G.: Y treparon más aún las ganancias por acción. Hubo más leverage, un renacimiento de la contabilidad como la más joven de las artes plásticas, recompras masivas de acciones (con deuda, por supuesto). Todo ello ayudó a marcar la diferencia. Pero aun así nada subió más que los precios de las acciones. Eso sí que arañó el cielo.
P.: ¿Y ahora se revierte la secuencia?
G.G.: No es tan fácil seguir inflando los ratios de precios a ganancias. Y ni el leverage ni el arte de la contabilidad están de moda. Ya no se festeja que usted anuncie su expansión a tontas y a locas través del globo. No es que la economía esté en recesión, pero hay límites de velocidad ahora que la carrera por invertir en tecnología se ha calmado. No es que los balances corporativos sean malos -es más bien que no son buenos todavía- pero, sobre todo, no se observa de dónde extraerán las empresas la capacidad de multiplicar sus ganancias a un ritmo de dos dígitos por año.




Dejá tu comentario