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6 de mayo 2026 - 00:00

Diálogos de Wall Street: Trump y Teherán atrapados en una tregua frágil, que pone a prueba a los mercados

La tregua en el Golfo es frágil, y se la pone a prueba. Trump quiere romper el cerco iraní y sus destructores van a proteger a los barcos comerciales a realizar el cruce. Teherán respondió por la fuerza. ¿Qué podemos esperar, Gekko? ¿Vuelve la guerra y escala el conflicto? ¿O es solo un entrevero puntual? ¿Cómo reaccionarán los mercados? ¿Se justifican los récords en fila?

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Para Gordon Gekko, Donald Trump se muestra atrapado en el estrecho de Ormuz y en su frustración.

Periodista: Regresaron los drones y las agresiones. ¿Es el fin del cese del fuego y de las negociaciones? ¿Se rompió la tregua y volvemos a la guerra?

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Gordon Gekko: La guerra no se interrumpió nunca. Aunque hay un antes y un después de la tregua del 7 de abril. ¿Volvemos a la guerra feroz? No parece. El ánimo guerrero decayó sensiblemente. El problema es que Trump e Irán están atrapados sin salida en el estrecho de Ormuz. Y es mucho lo que está en juego, y muy grande el daño que se provoca. Tarde o temprano habrá que resolver el asunto.

P.: Lo que rompió la monotonía desde el lunes, los ataques a los navíos y a las instalaciones petroleras de los Emiratos Árabes en tierra firme, serían entonces meras escaramuzas.

G.G.: EEUU ha dicho que las acciones de Irán no califican como una ruptura del cese de hostilidades.

P.: Son hostilidades, qué duda cabe, pero de intensidad “aceptable” para Washington. Si ellos lo dicen, quién lo va a discutir.

G.G.: Son actos de guerra, como es el bloqueo naval de EEUU. Pero no hay voluntad de arruinar la magra zona de comfort que proporciona la tregua.

P.: Aunque la tregua, per se, no registre avances en la mesa de negociaciones.

G.G.: Por lo menos no hay avances visibles. Sabemos sí que hubo intercambio de propuestas.

P.: Pero la reunión de Islamabad, a la que iba a concurrir el vicepresidente Vance, se cayó hace diez días y no tiene fecha prevista de realización.

G.G.: Lo más visible son las muestras de frustración. Y de ahí las escaramuzas. Es más una señal de impotencia que de ferocidad.

P.: ¿Por qué lo dice?

G.G.: Porque el tiempo pasa, y no hay avances. La idea de Trump de que el bloqueo naval iba a hacer estallar a Irán en tres días porque se iba a quedar sin capacidad de almacenamiento de combustibles o iba a tener que taponar los pozos de producción no estaba bien fundamentada. “En materia de días, la capacidad de la (terminal de la) isla de Kharg estará completa y los frágiles pozos petroleros iraníes tendrá que cerrarse”, escribió el secretario Bessent el 21 de abril.

P.: No fue así. Ni parece una situación inminente.

G.G.: No lo es. La aritmética falló por amplio margen. El bloqueo es poroso, Irán tiene otras alternativas a mano. El cerco naval es un veneno potente, pero más lento. Si Trump lo creyó un medio eficaz para promover un desenlace rápido, ya sabe que no es así.

P.: No estuvo bien asesorado.

G.G.: Cuando lo estuvo, prefirió guiarse por sus instintos. Eso lo trajo hasta aquí. No lo olvide.

P.: El domingo Trump pareció querer cambiar el eje de la situación en Ormuz con la Operación Proyecto Libertad.

G.G.: Sí. De hecho, Marco Rubio, el secretario de Estado, está diciendo ahora que la etapa de operaciones militares que se lanzó en febrero – la Operación Furia Épica – terminó. Que esto es otra cosa.

P.: Lo que no terminó es el conflicto. Ni el atasco en el estrecho, que es lo que verdaderamente importa.

G.G.: Está claro que la Casa Blanca necesita encontrarle una solución. Con la idea del Proyecto Libertad, Trump procura dar un golpe de efecto para demostrar que la iniciative le pertenece.

P.: La idea de escoltar con la Marina de EEUU a los barcos de terceros países atrapados en el Golfo y permitirles abandonar la zona es una manera, si se quiere simbólica, de empezar a relajar el control iraní sobre la navegación.

G.G.: Y de ensayar una ruta diferente de la que supervisa Irán. Y de la convencional, que está minada. Esta es mucha más al sur, más cercana a las costas de Omán.

P.: Es una forma de poner a prueba la intransigencia de Teherán.

G.G.: Si es así, la respuesta no tardó en llegar. Son las escaramuzas que apuntamos. No solamente en el estrecho. También en tierra firme.

P.: En los Emiratos.

G.G.: En la terminal de Fujairah, que está fuera del estrecho. Pero que Irán atacó ex profeso para delimitar con claridad la geografía en la que pretende ejercer su voluntad. Y también agredió a Omán, que es un aliado. Como para que nadie se haga el desentendido.

P.: No pretende bloquear solo el estrecho de Ormuz. Es en rigor el tránsito por el Golfo Pérsico y el de Omán.

G.G.: Correcto. Y debajo de la manga, Irán tiene la carta de los hutíes que pueden obturar Bab el Mandeb. Por eso EEUU dice que esto no rompe el cese de hostilidades acordado. No estamos extendiendo la zona del conflicto. No se escala la contienda. Es posible, inclusive, habrá que comprobarlo, que se haya avanzado en un acuerdo para relajar el doble candado que existe hoy.

P.: ¿Cómo sería eso?

G.G.: Cada parte deja pasar un cierto número de buques sin agresiones. Cuando transcurran los próximos días se podrá saber. La caída en el precio del crudo obliga a mirar bien el tema.

P.: Que la tregua no se haya hecho añicos puede justificar esa reacción de alivio.

G.G.: O puede haber algo más. Si algo tienen los mercados hoy en día es una rápida captación de información privilegiada.

P.: ¿Cree que la Operación Proyecto Libertad puede reabrir la navegación, en cuentagotas, y ser el principio de una solución a la crisis de la energía?

G.G.: Es la intención primaria de Washington. Sabemos que Trump quiere salir de la región desde la semana dos del conflicto y ya vamos por el tercer mes. Esto es prueba y error. Entiendo que se trata de un nuevo intento. La última prueba.

P.: Si pasan dos barcos por día, la crisis de la energía nos va a golpear lo mismo.

G.G.: Así como está, no deja de ser una prueba piloto. Y ya vimos los roces que provocó a muy pequeña escala. Pero puede ser el principio de una negociación que le dé mayor alivio a Trump y a Irán, que ambos lo necesitan.

P.: Wall Street no deja de anotar récords. Antes y después de esta iniciativa. No ve la recesión que los expertos de energía pronostican. ¿Quizás el éxito de esta operación, a la escala apropiada, sea la manera de conciliar tanto optimismo ex ante con el curso arisco de la realidad? Si se reabre Ormuz, la crisis no se evitará, pero puede mitigarse y sería razonable tener una visión más constructiva.

G.G.: La tregua es el elemento más sólido que tiene Wall Street a mano, hoy. Hubiera sido interesante conocer su reacción si la guerra retomaba su violencia previa, como pudo insinuarse el lunes. La Bolsa descuenta que habrá una negociación a tiempo. Y está claro que los hechos confirman la preferencia actual de Trump e Irán por negociar. No está nada claro que la salida vaya a ser rápida. Cuando Trump amagó declarar la victoria y volver a casa, y que el mundo arregle lo de Ormuz, lo que sería una buena solución para Wall Street más allá del fiasco geopolítico, el presidente tuvo que volver sobre sus pasos. No tiene esa libertad, por lo visto. La Operación Proyecto Libertad, al menos tiene el nombre bien puesto.

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