23 de noviembre 2000 - 00:00

Dicen que los sindicatos pagan a sus afiliados para que se cambien de obra social

Los sindicatos se están adelantando a los probables sinsabores que les traerá la desregulación de las obras sociales. Para eso están ofreciéndoles a algunos trabajadores --principalmente a los que consumen más servicios médicos- entre 200 y 300 pesos para que se vayan (traspasen) de la obra social a partir del 1 de enero.

De esta manera intentan potenciar el llamado «descreme» a su favor.
Es decir, liberarse de los afiliados de menores ingresos y por ende de menores aportes a la obra social.

Pero, además, están haciendo una selección entre esta población, para asegurarse que los emigrantes
sean aquellos grupos familiares que son grandes demandantes de atención médica. Precisamente, en los estratos de bajos ingresos y numeroso grupo familiar se concentran quienes consumen y demandan más servicios médicos y tienen los más bajos aportes. Además, cabe tener en cuenta que para este segmento poblacional un ingreso extra de 200 o 300 pesos llega a significar otro sueldo.

El argumento utilizado por los sindicatos quiere inducir el traspaso de estos afiliados hacia una obra social con mejor imagen de atención médica o a una prepaga, más un plus en efectivo.


Sin embargo, las autoridades de los Ministerios de Salud y de Economía parecen estar más preocupadas por cumplir con los formalismos de iniciar la desregulación de las obras sociales que por lo que ocurre en el mercado.


Ello explica por qué se percibe gran preocupación no sólo entre las obras sociales que hoy aparecen como más atractivas para atraer traspasos, sino también entre las prepagas. Ambos tipos de entidades no quieren pagar los costos de la desregulación. Esto refleja que algo no está funcionando correctamente en este proceso desregulatorio. De un trabajo de Federico Tobar, de la Fundación Isalud, surge claramente el efecto descreme y explica la preocupación de las obras sociales. Tobar analizó los pases de titulares de obras sociales en 1999 discriminados en dos categorías de ingresos: aquellos que perciben salarios superiores a $ 1.000 y los de salarios inferiores a ese valor. Allí surgió que los pases de obra social se duplican entre el sector de mayores ingresos.

«Estos datos parecen verificar la hipótesis del descreme: el Decreto 466 generaría la migración de los beneficiarios de altos ingresos (y por tanto, altas contribuciones) hacia las prepagas», según el trabajo.


Otro dato que influye es que 60% de los argentinos de menores ingresos tiene una muy baja capacidad de autofinanciar su acceso a la medicina prepaga
y en los pocos casos en que consigue hacerlo sólo puede acceder a planes muy económicos. «Por otro lado, cuando cuentan con cobertura de obras sociales nacionales son favorecidos por la compensación económica del fondo de redistribución», advierte Tobar.

Al analizar la estructura de ingresos surge que «los que tienen ingresos familiares medios equivalentes a $ 1.210 e individuales a $ 403, son los llamados cuarto quintil, mientras que en el último quintil la media familiar es de $ 2.536 y la individual de $ 1.041».


Por lo tanto, 40% de la población argentina constituye el mercado atractivo para las empresas de medicina prepaga.
« En conclusión, hay 4,8 millones de personas del cuarto quintil de ingresos que cuentan con obra social y pueden optar por canalizar sus aportes hacia las empresas de medicina prepaga que se inscriban como agentes del seguro. De la misma forma, hay 4,3 millones de argentinos del último quintil de ingresos (los de mayor poder adquisitivo) en las mismas condiciones.»

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