Quizás el sindicalista Hugo Moyano haya llegado al paroxismo. Con el abogado cegetista Héctor Recalde proyecta 5 leyes a proponer al Congreso. Recalde le responde y la Casa Rosada se lo hizo diputado y titular de la Comisión de Legislación Laboral que, obviamente, perdió toda objetividad. Los 5 proyectos son retrógrados ya que disminuirán la actividad productiva pero son lanzados dentro de la misma picardía gremialista -que aún encuentra incautos- por la cual se largan 3 de máxima para lograr 2 de mínima que igualmente son perjudiciales para la producción. Es como cuando les dicen a las empresas «tal aumento salarial o les metemos los sindicalistas a controlar la contabilidad». Es la forma dislocada en que se dialoga en la Argentina y que usan también gobiernos cuando dicen al transporte «o no aumentan el boleto o los obligamos a usar los impresos oficialmente en la Casa de Moneda». Lo peor es que este desvarío gremial de Moyano -que cada vez necesita ser más extremista para mantenerse al frente de la CGT cuando lo repudia la gente por sus métodos extorsivos y no lo quieren ni sus propios cofrades «gordos» de gremios grandes- es posible que se sancione porque el gobierno Kirchner implantó el pensamiento antiempresas casi como norma fija de su gestión.
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