"Dos economías: una en los despachos y otra en góndolas"

Economía

«La Argentina puede entrar al libro Guinness de los récords por desperdiciar oportunidades para crecer.» Así lo consideró el economista y profesor de las universidades de Belgrano y de Buenos Aires Víctor Beker. Director del Centro de Estudios de la Nueva Economía, dependiente de la Universidad de Belgrano, señala que la (verdadera) inflación argentina es preocupante y que el nivel de inversión alcanzado, a pesar de marcar récords históricos, no es suficiente. Beker es autor, junto con el español Francisco Mochón Morcillo, del libro introductorio de economía utilizado por los estudiantes académicos.

Periodista: ¿Va a seguir creciendo la Argentina?

Víctor Beker: Vamos a tener un crecimiento de alrededor de 8%. Se tratará de llegar a octubre de la manera más indolora posible y después de las elecciones será necesario un sinceramiento de las variables económicas, poner las cosas en orden y hacer los deberes que faltan al estar en un período preelectoral. La Argentina puede entrar al libro Guinness de los récords por desperdiciar oportunidades para un crecimiento elevado y sostenido dado por la coyuntura internacional.

P.: ¿Qué opinión le merece la intervención del gobierno en la elaboración del IPC?

V.B.: El índice está totalmente sospechado y se produjo una absoluta devaluación del valor que puede tener. Lo que sucedió con la modificación de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) es la frutilla del postre que culmina un proceso que arrancó a principios de febrero, momento en el que se empezó a manipular el IPC con el efecto de aplanarlo. Hasta el acto de relevamiento de precios está viciado, por lo que es mínima la credibilidad que puede tener ese índice. Es cuestionable también qué datos se ingresan, porque cuando se publican los índices ningún precio muestra una variación de más de 15%, por ejemplo.

P.: Cuando dice que lo de la CBA es la frutilla del postre da la sensación de que el dibujo de los datos se podría terminar, ¿cree que va a ser así?

V.B.: No, para nada. Creo que al revés, cada vez se hace más complejo. Si se utilizaran los precios reales, ocurriría lo que pasó con la CBA: el índice no da un salto porque se comparan los precios verdaderos con los dibujados. El día que se deje de manipular el IPC va a haber inflación estadística.

P.: ¿Cómo se puede hacer para volver creíble nuevamente al INDEC?

V.B.: Si existiera la voluntad política de revertir esta situación, la única forma de hacerlo es sacarlo de la órbita del Ministerio de Economía y convertirlo en un organismo autárquico y técnico, como siempre debería haber sido, lejos de cualquier influencia de orden político, con una carrera absolutamente profesional y con técnicos intachables, elegidos por jurado.

P.: ¿Cree que las cifras reales de inflación son preocupantes o son parte del crecimiento económico?

V.B.: Son preocupantes porque la Argentina tiene una historia de inflación que implica que no se puede jugar con esta variable. Además, afecta el bolsillo de quienes tienen salarios fijos, es un obstáculo enorme para la existencia de crédito de largo plazo y, al estar 50% de la deuda pública indexada por la inflación con el CER, 1% de aumento de precios en un mes se lleva puesto el superávit fiscal de ese período.

P.: ¿Es posible seguir creciendo sin inflación?

V.B.: Es común argumentar la disyuntiva entre inflación con crecimiento o, para evitarla, enfriar un poco la economía. Esto es un error: la estabilidad de precios es condición necesaria para que el proceso de crecimiento se sostenga.

P.: ¿Cuáles considera que son las causas del incremento de precios?

V.B.: A mi entender, son tres: la llamada inflación estructural, por el reajuste de los precios relativos después de la macrodevaluación de 2002. Una segunda fuente es la inflación importada: los favorables términos del intercambio actuales nos benefician, pero implican que internamente suban algunos precios de los productos de exportación. La tercera fuente, que creo explica la mayor parte del incremento de los precios, es la intervención del Banco Central en el mercado de cambio para absorber el excedente de dólares.

P.: ¿Qué debería hacerse con los dólares del superávit comercial?

V.B.: Sería ideal que el superávit fiscal fuera tal que permitiera absorber el excedente del sector externo. De esta manera, la Tesorería acumularía las divisas necesarias para pagar la deuda y se evitaría la situación actual en la que el Central diariamente inyecta liquidez al mercado, además de los malabarismos que hace todas las semanas para tratar de absorber parte de los pesos. Esta práctica no es suficiente y se refleja en que los pesos terminan finalmente en el mercado de bienes, generando un exceso de demanda que presiona sobre los precios. Así, se reproducen algunos de los vicios de la convertibilidad, con la única diferencia de que lo hacemos con un tipo de cambio alto en vez de hacerlo con un tipo de cambio bajo.

P.: Los «acuerdos» de precios, ¿sirven para controlar la inflación?

V.B.: Los «acuerdos» o controles de precios pueden ser una herramienta transitoria cuando se quiere morigerar las expectativas inflacionarias. Sin embargo, deben existir en forma paralela a un conjunto de medidas de políticas monetarias, fiscales, cambiarias y de ingresos que apunten a eliminar las causas de la inflación. Si no, lo que sucede es un desabastecimiento de los productos controlados y la continua aparición de nuevos bienes que permitan poner un precio diferente. Se conforma así una economía virtual y otra real: una acorde con los controles de precios, que existe solamente en las oficinas donde se firman los acuerdos, y otra, la que realmente está en las góndolas.

P.: ¿Qué políticas habría que implementar?

V.B.: Falta una coordinación entre las distintas políticas económicas que apunten al equilibrio entre el excedente fiscal y el del sector externo y que, al mismo tiempo, permitan una recuperación de los precios relativos. No se puede tener un dólar alto, superávit fiscal en descenso, salarios altos y un resultado del sector externo altísimo: la imposibilidad de tener simultáneamente todo es lo que aparentemente no se entiende desde el sector oficial. Lo que hoy se observa son medidas aisladas.

P.: ¿Cómo cree que se va a desenvolver la economía en el mediano plazo?

V.B.: Observo un fenómeno muy parecido al de la convertibilidad, en el que se vivía un clima de euforia. Todo a nivel macro estaba bien y no se observaban los desequilibrios que paulatinamente erosionaron y generaron su derrumbe. El hecho de que a corto plazo las variables macro parezcan estar ordenadas no significa que no esté en desarrollo un proceso que origine serios desequilibrios si no se toman medidas correctivas. Es exactamente la misma filosofía que nos llevó a diciembre de 2001.

P.: ¿Qué preocupaciones habría que tener sobre el largo plazo?

V.B.: Por un lado, la inflación puede seguir aumentando en la medida en que se insista en incrementar la liquidez para absorber el excedente de dólares. Esto puede desencadenar reclamos salariales de una envergadura y frecuencia cada vez mayor y para entrar así en un fenómeno muy conocido en la Argentina: la espiral preciossalarios. Esto puede provocar que en algún momento desaparezcan o se reduzcan sustancialmente el superávit fiscal y el excedente comercial, con una creciente retracción de la inversión.

P.: ¿Considera suficiente el nivel de inversión actual?

V.B.: Para seguir creciendo a un nivel de 8% anual se requiere un nivel bastante más alto. Es el otro capítulo pendiente. Nos jactamos de tener un alto nivel de inversión, que es elevado en términos históricos, pero no es suficiente. Además, una gran parte es construcción, que es favorable en lo inmediato porque ocupa mano de obra, pero tiene poco efecto desde el punto de vista del aparato productivo. Se observan fuertes carencias de inversión en este segmento: el sistema eléctrico camina al borde del precipicio, el transporte público en el Gran Buenos Aires está absolutamente colapsado, los aviones vuelan sin radares en pleno siglo XXI y el episodio del rompehielos Irízar son luces, por ahora amarillas, que indican que en importantes sectores de la infraestructura existe un faltante de inversión que no se suple en 24 horas.

Entrevista de María Iglesia

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