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24 de diciembre 2002 - 00:00

EE.UU. acelera la liberación del comercio

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Coincidentemente, con relación a la ayuda externa, aclaró que ella se dirigirá hacia «países cuyas administraciones gobiernen con justicia, inviertan en su gente y promuevan la libertad económica». Clarísimo.



Respecto de los bienes industriales, propone que todas las tarifas que sean de 5% o menores sean eliminadas en 2005, año en el que -conforme al calendario acordado- debería llegarse a un acuerdo global en la rueda en cuestión. Por su parte, las tarifas que sean superiores a 5% deberían armonizarse y reducirse a no más de 8% en el año 2010. Tarea inmensa, atento a que los Estados Unidos tienen unas 10.200 posiciones arancelarias. Finalmente, las tarifas que presenten cuestiones más complejas (como 48% que hoy aplican a las zapatillas, o 32,5% que corresponde a los sweaters) se acordarían antes de 2015, año en el que -finalmente- todas serían eliminadas.

La armonización propuesta sería naturalmente más dura para aquellos países con niveles de protección más elevados, como los europeos, Brasil o la India, que para los que tienen niveles bajos, como Chile.

Esta propuesta norteamericana -radical por cierto- procura devolver a las conversaciones de Doha el dinamismo perdido, y complementa a la que ya presentaran para el sector de los productos agrícolas, donde la idea es que las tarifas -que hoy son bastante más elevadas que las de los productos industriales (desde que mundialmente están en un promedio de 62%) se reduzcan a 15% en un plazo de cinco años. Mientras, en paralelo, se eliminan los subsidios en un plazo de, también, cinco años.

De tener éxito, los Estados Unidos liberarían unos 18 billones de dólares que hoy sus consumidores pagan en concepto de aranceles de importación de productos industriales, cuyas tarifas promedian 5% (el promedio mundial, recordamos, es del orden de 40%). Aranceles que, no obstante, aumentan en casos específicos -como el de la indumentaria, las valijas o los productos de cuero- hasta niveles de 20%. Estos son los llamados «peaks» arancelarios, especialmente destructivos.

Nada se dice, sin embargo, al menos por ahora, acerca de un capítulo que no puede quedar excluido de las conversaciones. El de los derechos antidumping o compensatorios, a través de los cuales los productores norteamericanos suelen obtener protecciones arancelarias efectivas bastante más altas, desde que trepan hasta 30% en algunos casos.

El nuevo director general de la OMC, Supachi Pnichpakdi, reaccionó de inmediato, señalando que la propuesta comentada luce «poco realista». Porque son precisamente los países menos desarrollados, como el Brasil o la India, los que deberían tener que adaptarse más rápidamente. Porque son ellos los que hoy tienen las barreras tarifarias más altas.

La única forma de lograrlo sería, presumiblemente, que la dinámica de reducción de tarifas incluya, desde el vamos, las que azotan a los exportadores de productos del agro. Sería sólo equitativo. Y, seamos realistas, de no ocurrir esto, las negociaciones de Doha tienen realmente poco margen para el éxito.





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