Néstor Kirchner
con la maqueta
del tren de alta
velocidad.
Como ya se sabía, el tren bala Retiro-Rosario caracterizará a la administración Kirchner: lo ofertó ayer una influyente empresa francesa (Alstom), la misma que había presentado el proyecto con el ministro Julio De Vido (y el propio Presidente), acompañada por grupos argentinos que también suelen ganar licitaciones. Un círculo repetitivo. No hubo, por supuesto, otros oferentes. Esta iniciativa que, además de recorrer el itinerario en una hora y media -y seguramente valorizar las tierras de la capital santafesina-, en su momento significó la reanudación de las relaciones económicas entre Francia y la Argentina, hasta entonces afectadas por el retiro de varias compañías (Aguas, por ejemplo). A partir, claro, de concesiones un tanto discutibles y con un consorcio que tropezaba con graves dificultades y al cual el propio gobierno de Jacques Chirac debió auxiliar. Típico proteccionismo europeo y la necesidad de encontrar proyectos como el tren bala para sostener al grupo.
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Esa liaison entre los dos países fue, también, un punto de partida para el encuentro político entre De Vido y Jorge Telerman, quien auspició y firmó sin chistar. Además de afrancesarse, en esa ocasión el jefe de Gobierno estampó su ingreso al kirchnerismo.
Pero para hacer realidad esta obra de u$s 1.300 millones habrá que acordar con el Club de París. Es que sin su autorización, bancos y agencias europeas no financiarán el proyecto a baja tasa, que es a lo que aspira la empresa francesa.
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