1 de octubre 2007 - 00:00

"El boom de las bodegas boutique pasó hace tiempo"

Ana Amitrano, de BodegasZuccardi.
Ana Amitrano, de Bodegas Zuccardi.
«Las bodegas boutique son difíciles de sostener porque ésta es una actividad riesgosa y cara. Muchas tuvieron que vender vino sobrevaluado para sostener la estructura.» Lo dice Ana Amitrano, directora comercial de Familia Zuccardi, quien asegura que la bodega dejó de tener el perfil predominantemente exportador: ya 40% de su producción se destina al mercado interno. Nunca sintió que ser mujer podía resultar una traba para su carrera, aunque no viajó por trabajo hasta que su hijo menor cumplió 15 años.

Periodista: Tradicionalmente, Zuccardi fue una bodega de exportación. ¿Continúa teniendo ese perfil?

Ana Amitrano: Nuestro plan estratégico es justamente equilibrar las ventas del mercado externo y el interno. En la década de 1990 se vendía 90% de la producción al exterior, nacimos con un perfil exportador. Hoy la proporción bajó a 60%. Pero en ventas crecimos en ambos mercados.

P.: La intención de ampliar su participación en el mercado interno, ¿se ve amenazada por las bodegas boutique?

A.A.: No. El boom de esas bodegas fue hace cinco años. Eran proyectos difíciles de sostener porque se trata de una actividad riesgosa y cara. Hay mucha mano de obra y los factores climáticos atentan contra las cosechas. Es difícil encontrar equilibrio. Lo que les pasó a muchas es que tuvieron que vender vino sobrevaluado para sostener la estructura.

P.: ¿Y los extranjeros que invierten en bodegas?

A.A.: Contra las leyes del mercado no se puede hacer nada. Si llegan extranjeros, bienvenidos, mientras den trabajo y sumen calidad. También nosotros vendemos en el exterior y nos interesa crecer allí. Para lograrlo hay que reconocer que tuvo mucho que ver el trabajo que la Argentina está haciendo para promocionar la producción local a nivel internacional.

P.: ¿Quiere decir que ahora, en una vinería europea, se pueden encontrar tantos vinos argentinos como chilenos?

A.A.: Quiere decir que la Argentina dejó de ser un país desconocido a pesar de ser el quinto productor mundial, como pasaba a mediados de la década del 80. Tenemos ahora un importante reconocimiento como elaborador.

P.: ¿Es cierto que las mujeres toman vino blanco y dulce, como suele decirse?

A.A.: No. Es un mito como tantos otros. Con el cambio en el perfil de los consumidores también cambiaron las mujeres. Ahora nos gusta tomar un buen vino tinto, aunque no quiere decir que a alguna le guste un blanco dulce. Lo positivo es que las mujeres ya no tienen vergüenza de pedirse una botella de vino en un restorán. Además, nadie las mira con espíritu crítico. Tanto las mujeres como los hombres aprendieron que el mejor vino es el que a uno le gusta.

P.: En muchas bodegas hay mujeres en puestos gerenciales, pero ¿en el resto de la cadena de producción sucede lo mismo?

A.A.: Sí; en la cosecha se hace un trabajo muy familiar con un alto porcentaje de mujeres. El fraccionamiento también está colmado porque -por ejemplo- en el pegado de las etiquetas ellas son más prolijas. En los laboratorios enológicos 50% son mujeres, pero en la planta de elaboración, por tratarse de tareas que requieren más fuerza, hay menos mujeres que hombres.

P.: ¿Ser mujer le resultó incómodo para ejercer su puesto?

A.A.: No. Pero yo comencé una rutina de viajes intensa cuando el menor de mis tres hijos pasó los 15 años. Es decir, ya no eran tan demandantes. En ese sentido creo que para un hombre, una actividad como ésta es más fácil. Yo viajo tres veces por mes, alrededor de 3 o 4 días a diferentes ciudades. Pero trato de no hacer viajes muy largos para no desequilibrar el orden familiar. Cuando mis hijos eran chicos, iba a la oficina a la mañana y trabajaba desde casa a la tarde para estar con ellos.

P.: Las mujeres empresarias siempre hablan de tratar de cumplir con el trabajo y los hijos, pero no hacen referencia al marido. ¿Por qué?

A.A.: Yo soy separada, pero las mujeres que trabajan conmigo intentan mantener a toda la familia contenta. Pero las mujeres que trabajan no necesitan ser mantenidas económicamente, lo que les da una consecuente independencia que es muy importante para tomar decisiones.

Entrevista de Florencia Lendoiro

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