3 de enero 2001 - 00:00

El campo debe invertir en capacitación permanente

A lo largo de la evolución el productor rural se ha expandido, incorporando elementos de su entorno y de cada momento histórico y los ha ido articulando a fin de lograr mejores condiciones de producción. Para ello tuvo que enfrentar hábitos arraigados que lo llevaron a modificar los modos de abordar el trabajo, como una forma de dar respuesta a los requerimientos que se le plantean en un mundo cambiante.

Adaptación

Durante mucho tiempo el progreso económico estuvo asociado al hecho de poseer grandes extensiones de tierra y muchas cabezas de ganado pastando en ellas. Cada invento, Escribe María Cristina Torres
Productora agropecuaria cada incorporación, se llevaba a cabo despacio permitiéndole un proceso de lenta adaptación. La explotación no requería de cuidados intensivos y se aceptaban las pérdidas en la medida que las ganancias las compensaran.

En la década de 1970-1980 a través de la revolución verde el productor fue provisto de mecanización y un paquete tecnológico que le permitió aumentar significativamente la productividad.

En la última década, la revolución de la biogenética asociada a la siembra directa produjo un impacto enorme que se tradujo en mayores rindes y calidad, disminuyendo los costos y el tiempo de trabajo.

Así el hombre de campo tuvo que aggiornarse a los nuevos insumos que hasta ese momento por ser importados habían quedado reservados a productores de los países desarrollados.

En una economía abierta el productor pudo incorporar el cambio y aprendió a competir en el mercado internacional a pesar de carecer de proteccionismos y en medio de condiciones muchas veces adversas.

El trabajo manual tan desarrollado fue disminuyendo con la automatización y las nuevas tecnologías fueron demandando nuevas habilidades para su uso eficaz. El nuevo escenario mundial y el entramado de múltiples cambios tecnológicos demandaron un cuerpo de apoyo donde hiciera cimientos la producción. La explotación rural comenzó a pensarse como una empresa donde la idea de progreso queda indisolublemente ligada al trabajo intelectual que pertenece a un universo más abstracto e intangible, pero que se constituye en la semilla privilegiada para aumentar la rentabilidad. Frente al desafío de transformar ventajas comparativas en competitivas, agregar valor a los commodities tradicionales e insertar la producción en nuevos nichos de mercado no cabe más alter-nativa que agudizar el ingenio y la creatividad.

Así el poder de la tierra se desplazó al poder de invertir en nuevas tecnologías de insumo y posteriormente de proceso. La reconversión se ha profundizado por medio de la revolución en la informática, que ingresó a la labor a través de herramientas sofisticadas facilitando al productor el acercamiento a otras fuentes de información, de negociación y comercialización.

La intensidad y la alta movilidad en los cambios configuran escenarios que requieren reposicionamientos en el modo de trabajar.

En el marco de una realidad pluriforme y cambiante lo que en un momento es operativo y útil debe reformularse y buscar otras herramientas metodológicas para enriquecer el quehacer.

Capacidades

La capacitación no debe pensarse como algo puntual y circunscripto a un momento de necesidad sino que debe ser pensada como un proceso de actualización permanente, tanto en momentos de crisis como de pujanza ya que presupone organizar el trabajo desde otro lugar, aprovechando insumos y recursos ya existentes y permitiendo inversiones sin una erogación significativa que dependen del aprovechamiento de las capacidades potenciales de todas las personas afectadas a la tarea.

Por ello es fundamental que estas herramientas de acción y reflexión renovadas puedan extenderse a todos los integrantes de la cadena productiva y no quede reservada sólo a los que tienen un papel de conducción. Erróneamente se pensó durante mucho tiempo que el mundo educativo y el del trabajo no tenían puntos en común y actuaban divorciados.

En el campo la supervivencia no estaba ligada a la inteligencia sino a la fuerza, la agilidad y la reiteración de técnicas simples transmitidas de generación en generación. Si el productor hoy invierte en una herramienta costosa de última generación lo debe hacer paralelamente en la capacitación del peón a fin de que sea suficientemente competente en el manejo y comprensión de la misma. Las nuevas destrezas le permitirán superar hábitos de trabajo obsoletos que estaban arraigados y organizar el trabajo en un nivel más alto y menos monótono.

Rentabilidad

La rentabilidad está sujeta a la articulación de tecnologías con novedosas formas de abordar la tarea, por lo que se necesita agregar al saber empírico el análisis de distintos aspectos que interactúan en el negocio global.

El productor rural entendido como empresario tiene que ser competente en el manejo y la comprensión de nuevos procesos. Necesita intervenir sobre múltiples esferas del quehacer y abordar distintas variables complejas en forma simultánea. El rol del productor se amplificó y su espectro de preocupaciones se expandieron desde lo productivo hasta lo comercial, a la vez que se vio exigido por la necesidad de maxi-mizar los resultados sin descuidar detalles.

En la necesidad de cubrir nuevas funciones necesita peones más independientes y eficientes, con más capacidades para delegarles nuevas funciones, que vayan más allá de acatar órdenes y estén en condiciones de reducir al máximo los equívocos en la producción.

Las tareas serán ejecutadas ya no por el campesino sacrificado y laborioso sino por el trabajador pensante e innovador con impulso al desarrollo. La capacidad de transformar la naturaleza existe desde los orígenes del productor rural pero con cada época varían las herramientas. Como si en cada momento de la historia el destino le diera cartas al productor y su éxito o fracaso dependiera del tipo de juego que pueda realizar.

El hombre de campo actual, que heredó el vigor y valentía de los criollos y el esfuerzo y fe en las manos laboriosas de aquellos que cruzaron el océano en medio de la incertidumbre y la soledad hará posible fecundas reconversiones. Hoy le toca asumir el desafío de alimentar a un mundo muy diferente y para ello se apoyará en la misión de siempre pero con las reglas de juego de la era del conocimiento.


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