No podemos decir nada nuevo. Así de simple. Es cierto que en los tiempos que corren ha sido raro ver al NASDAQ mostrando una mejor evolución que la del Dow, como observamos en la víspera, cuando el primero de estos indicadores trepó 0,04% (si es que realmente algo de esa magnitud se puede llamar "suba", especialmente cuando es la segunda alza de las últimas doce ruedas), mientras el segundo perdió 0,45 por ciento de su valor al cerrar en 10.094,06 puntos. Pero el asunto es que la diferencia entre los dos indicadores bursátiles no sería tanta, ya que el desplome de 5,45% de 3M por sí solo fue responsable de 98% de la merma del Promedio Industrial (irónicamente los resultados de la firma no fueron malos) y además el número de bajas en el Dow apenas superó por dos papeles al de las subas. También es cierto que el volumen, aunque pobre, parece estar trepando ligeramente (se hicieron operaciones por 1.300 millones de papeles en el NYSE y 1.780 en el mercado electrónico), casi como desafiando la tradición de «calma», que precede a las declaraciones importantes del presidente de la Reserva Federal, que hoy y mañana dará su discurso semianual ante las dos cámaras del Congreso. Pero más que desafío, esto puede interpretarse como que el mercado no espera ninguna noticia que pueda afectar los precios de las acciones de manera significativa. De hecho, basta ver lo ocurrido con el S&P 500 para corroborar que aquí no se "adelantó" nada, ni que existió ningún "consenso" de los inversores. Por algún motivo, da la impresión de que el mercado se comporta como si las cosas estuviesen peor de lo que parecen.
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