S eguramente, no tuvo nada que ver con los argumentos que exhibimos el lunes, pero de todas maneras la baja de ayer fue casi una ratificación de la idea que, de haber permanecido abierto el mercado en la primera rueda de la semana, su orientación hubiera sido bajista. De todas formas, nada hacía prever que en un escenario en el que las dos noticias más importantes (desde lo bursátil) fueron una advertencia del fabricante de "chips" Conexant y otra de Veritas de que sus ganancias no serían las esperadas y el consejo de la gente de Lehman de reducir ligeramente a neutral la exposición en papeles de ese sector alcanzarían para derribar 2,15% al NASDAQ, llevando tras de sí a los demás grandes indicadores bursátiles. Que la "culpa" fue del NASDAQ lo evidencian los más de 1.900 millones de papeles operados en su sistema, frente a los acotados 1.280 del mercado tradicional, y la circunstancia que de los 10 principales sectores del S&P 500 sólo el de las tecnológicas cayó más de 1%. Es cierto que la nueva suba del precio del petróleo, al máximo desde el 2 de junio, tuvo mucho que ver, pero es difícil definir esto como una "nueva", cuando no fue más que la continuación del proceso iniciado el lunes. También es cierto que los datos del ISM demostraron una caída mayor a la esperada, pero, aun así, son congruentes con una fuerte expansión. Si tomamos en cuenta que no ocurrió nada grave en el frente externo y que incluso los bonos del Tesoro tuvieron una mala sesión, parece razonable la idea de que fue la elección de John Edwards (brillante abogado antiempresas) como vicepresidente por los demócratas, lo que deprimió el interés de los inversores.
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