El economista del mes: la situación fiscal es más precaria de lo que se cree

Economía

En la tradicional entrega del Economista del Mes el análisis estuvo a cargo de Manuel Solanet, que advierte sobre la precariedad de la situación fiscal y la necesidad de eliminar las dudas sobre un futuro default. Quien integra el Consejo Académico de FIEL alerta, además, sobre el agotamiento del modelo apuntalado por una maraña de subsidios. Opina que el gobierno equivoca la lucha contra la inflación al atacar las consecuencias y no las causas.

1 - La economía argentina frente a un modelo agotado

Los aires de cambio que prenunció en lo político lo ocurrido en el Senado el 17 de julio debieran llevar a una reorientación de la política económica frente a un modelo que se muestra agotado. Hay diversas cuestiones económicas que ocupan la atención y hoy generan preocupación. La inflación es el problema más notorio y se agrava por la ausencia de políticas racionales para tratarla. Se ha intentado trabajar sobre las consecuencias y no sobre sus causas. Los controles de precios resultaron ineficaces, como se esperaba, y además perjudiciales.

Desde hace 18 meses tenemos además control de índices. Esta manipulación ha pasado a ser no sólo un agravio institucional, sino también una causal jurídica de default. Pero en un esquema de tarifas congeladas e inflación reprimida, con revaluación real del peso, el deterioro fiscal es en el fondo la principal amenaza. Si no hay margen fiscal para sostener los subsidios, el modelo se desmorona. La principal razón de ese deterioro fiscal es el fuerte aumento de los subsidios a la energía, al transporte y a la industria alimentaria, además de la permisividad en el aumento del empleo público.

Hay riesgo de que el agotamiento fiscal haga inevitable el sinceramiento de los precios retrasados y que ello produzca un golpe de inflación, genere una súbita caída de la confianzae impulse un proceso más notorio de huida del dinero. Ya existe como cuestión preocupante, una tendencia a la desmonetización y al aumento de la tasa de interés desde hace un par de meses. El crecimiento de la actividad productiva, que parecía hasta hace muy poco un rasgo positivo de nuestra economía, ha dado paso ahora a claras señales de enfriamiento. Las expectativas se han deteriorado debido al conflicto con el campo y al aumento de la tasa de interés y su impacto negativo sobre el crédito.

La insuficiencia de la inversión en los últimos años es otro problema. Se manifiesta con más intensidad en la energía. Hay escasez de combustibles y electricidad en el marco de una caída de la producción de petróleo y gas. Estamos dejando de ser exportadores para pasar a ser importadores justo cuando los precios internacionales están por las nubes. En el mejor momento para los mercados de nuestros principales productos, la balanza comercial se deteriora. Los superávit gemelos están en riesgo. Ambos.

2 - Hay signos de enfriamiento

Los datos macroeconómicos más recientes muestran claramente una reducción en el nivel de actividad, tanto de los sectores ligados al consumo como a la inversión. Las estimaciones del crecimiento del PBI en 2008 están siendo revisadas a la baja. Es así que con un arrastre estadístico del orden de 4%, se advierte la dificultad de proyectar más de 6% para todo el año.

Los datos de ventas y de crédito de consumo muestran amesetamientos o caídas. También se percibe en la demanda de trabajo. En el interior, el ajuste es más notorio y eso se debe a la relación más directa con el campo. En junio, por ejemplo, declinó la recaudación de Ingresos Brutos en las provincias.

El enfriamiento seguramente reducirá la presión de la demanda en sectores que están al máximo de su capacidad productiva y también aliviará la importación que debe pagar precios más altos por los bienes de consumo.

También podría reducir la demanda de servicios públicos y por esa vía morigerar el crecimiento de los subsidios. Sin embargo, esto no sería suficiente para evitar el crecimiento del gasto público, que es una de las causas de la inflación. Pero cuando hablamos de inflación, no podemos dejar de pensar en la enorme distorsión acumulada en los precios relativos, lo que aparece como una amenaza latente y creciente.

Las tarifas de gas y electricidad deberían aumentar varias veces. Las naftas y el gasoil tendrían que duplicar sus precios o aún más si el petróleo crudo se paga al precio internacional. Con esos ajustes y sin subsidios, el transporte público debería por lo menos triplicar sus tarifas. Ahora bien, si todo esto ocurriera, habría reclamos de aumentos salariales y una propagación real y psicológica de la inflación.

El gobierno lo sabe y por eso nunca considera llegado el momentode producir el sinceramiento, y las distorsiones se acentúan. El límite lo pondrá la capacidad de caja para compensar con subsidios. Lo deseable sería que el sinceramiento se produzca dentro de un marco de confianza, con un programa económico racional y bien estructurado. De lo contrario, si lo impone la insuficiencia fiscal fuera de un marco programático racional y creíble, podría provocar una espiralización.

3 - Las cuentas públicas muestran debilidad

La situación fiscal es precaria aunque se informe lo contrario. En el primer semestre, el gasto aumentó a mayor ritmo que la recaudación. El gobierno, que sin duda ve el problema, decidió el incremento de las retenciones en noviembre de 2007 y nuevamente en marzo de este año. Los datos oficiales que hablan de un sostenimiento del superávit primario computan sólo lo pagado y no lo devengado, y hay evidencias de fuertes retrasos en los subsidios y en las obras públicas.

Esto último es justamente un indicio de la debilidad de la caja. El resultado primario bien computado, en el mejor de los casos, alcanza para cubrir escasamente los intereses, sin contribuir en nada a reducir la deuda. Los vencimientos de capital deberán solventarse con deuda nueva a intereses crecientes.

El gobierno permanece en default con el Club de París y con los hold out y ya no tiene acceso a los mercados. Chávez nos cobra tasas altas y no hay alternativas. Nuestro gobierno ya ha estropeado suficientemente la cartera a las AFJP colocándole títulos que han perdido valor. Nuestra pobre calificación BB ahora agrega «tendencia negativa» y el riesgo-país se acerca a los 700 puntos básicos. Es imprescindible actuar sobre el gasto para buscar una solvencia fiscal genuina, pero como hemos dicho, nunca llega el día de sincerar tarifas ni tampoco se oye hablar de reforma administrativa y de racionalización.

Para peor, se reestatizan empresas. La rebelión fiscal del campo ante el aumento abusivo de las retenciones puso en evidencia que es poco o nada lo que puede lograrse por el lado de los recursos mediante aumentos en los impuestos.

4 - Todavía no puede hablarse de corrida cambiaria, pero se reduce la demanda real de dinero

El comportamiento de la gente ha cambiado desde la crisis con el campo. Ya se había insinuado el año pasado una extrema sensibilidad que en su momento motivó una reversión del flujo de divisas cuando se detonó la crisis financiera en los Estados Unidos. En los últimos cuatro meses, el Banco Central ha perdido reservas por u$s 2.900 millones. Se estima que en los últimos 12 meses la fuga de capitales fue cercana a los u$s 20.000 millones. La monetización ha disminuido y la tasa de interés ha aumentado.

La relación M2/PBI era 18,8% a fines de 2005, bajó a 16,5% a fines de 2007 y actualmente se la estima en 14%. La causa principal de esta gradual disminución es sin duda la percepción de los agentes económicos de que la inflación no podrá ser reducida. Sólo se ve al gobierno actuar sobre las consecuencias y no sobre las causas y el público no desconoce que hay tensiones crecientes en el sistema de precios y que se han multiplicado los reclamos por aumentos salariales.

No obstante, el proceso de desmonetización es gradual y no se puede hablar de corrida; sin embargo, éstas son señales de advertencia que obligan a encarar las medidas y cambios para recuperar la confianza.

5 - La crisis energética

La crisis energética ya está presente y castiga a la industria que está sometida a pedidos oficiales casi diarios de reducción del consumo de electricidad y de gas. También falta gasoil para el transporte y para el agro. No hay misterio en las causas de esta situación. Los congelamientos y controles de precios y la ruptura de las reglas contractuales de las concesiones desalentaron las inversiones y restringieron la oferta, mientras que la demanda se exacerbó por los bajos precios.

La producción de petróleo y gas declina y la generación de electricidad ya no permite contar con reserva técnica ni abastecer los momentos pico. Esto ha ocurrido en la Argentina, al mismo tiempo que los precios internacionales de la energía se han multiplicado varias veces. El desacople de los precios internos se logró mediante retenciones increíblemente elevadas en el caso del petróleo, o subsidios en los casos de la electricidad, el gasoil y el gas.

La superación de esta crisis no será inmediata, aunque se corrija la estructura de precios y se normalicen las reglas regulatorias y las concesiones. Se necesita un tiempo de estabilidad y confianza para lograr las inversiones y luego se requerirán tiempos bastante prolongados para que se ejecuten y sean productivas.

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